“Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal
pierde su sabor, ¿con qué será salada? No vale más para nada, sino para ser
echada fuera y pisoteada por los hombres. Ustedes son la luz del mundo. Una
ciudad asentada sobre un monte no puede ser escondida.” Mateo 5:13-14 (Leer: Mateo
5:13-20)
Fue durante el
invierno que se originó un gran incendió, el edificio era bastante antiguo,
pero tenía medidas de seguridad modernas, entre ellas extintores automáticos en
todos sus pisos; sin embargo luego de unas cuantas horas fue consumido casi en
su totalidad. Pero, ¿por qué sucedió esto? Desafortunamente y a pesar de contar
con un sistema anti-fuego moderno, el líquido que debía extinguir el fuego
estaba en mal estado, se “congeló”. Así son muchas personas e iglesias, que a
pesar de ser bendecidos con una infinidad de recursos para testificar y servir
a otros, está en estado “congelado”.
El Señor fue
muy claro cuando advirtió que los creyentes son la sal y la luz del mundo, por
lo tanto debemos tener las características de la sal, que como condimento o preservante es inútil a menos que esté en
contacto con la comida y se mezcle con ella. El Señor nos llama a
“condimentar” y “preservar” con nuestro testimonio, a quienes no han
experimentado aún el amor y perdón de nuestro Señor.
No podemos
ocultar la luz que proviene de Dios, no existe espacio para creyentes
escondidos, somos llamados a ser conocidos como sus discípulos, con tan sólo
pasar un tiempo con nosotros, las personas deben ser capaces de darse cuenta
que existe algo diferente ya que reflejamos el carácter de Cristo a través de
nuestras vidas. D.L. Moddy dijo: “Los faros no disparan cañones para que vean
su luz. Simplemente brillan”.
1. No podemos ser insípidos, debemos ser
visibles para otros y causar efecto en los que nos rodean.
2. Nuestro propósito en la tierra es
brillar con la luz de Cristo lo más que podamos, no acostumbrarnos a la
oscuridad.
MD/HG -
(DEVOCIONAL DIARIO “MI DEVOCIONAL”)


