“Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro
hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en
día. Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez
más excelente y eterno peso de gloria; no
mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas
que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.” 2ª Corintios
4:16-18
Hay ocasiones en las que un piloto conduce su avión sin
ninguna visibilidad, sin un punto de referencia con respecto al suelo o a las
estrellas, dependiendo exclusivamente de sus instrumentos para definir en qué
posición se encuentra su nave. En estos casos es normal que un piloto sin mucha
experiencia tenga la sensación de que su avión está en una posición diferente a
la que indica su cuadro de mandos. Esa sensación puede llegar a ser tan fuerte
que él se sienta tentado a dudar del buen funcionamiento de sus instrumentos e
intentar una corrección manual, la cual puede resultar catastrófica.
Los creyentes también tienen un instrumento que les indica
su posición ante Dios y ante el mundo. Este instrumento es la Biblia, la Santa
Palabra de Dios. Lamentablemente en ocasiones, en lugar de confiar en ella
muchas personas tienden a seguir sus propias conclusiones y esto puede traer
muy malas consecuencias. Por ejemplo, la Biblia declara que Jesús dijo a sus
discípulos: “He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del
mundo.” (Mateo 28:20). Y Hebreos 13:5 nos recuerda que Dios dijo: “No te
desampararé, ni te dejaré.” Y entonces dice: “De manera que podemos decir
confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el
hombre.” Esto lo sabemos, a veces hasta de memoria, sin embargo frente a las
dificultades, ante nuestras propias debilidades o dolorosas pruebas, dudamos de
esta promesa, y entonces decidimos actuar y hacer nuestras propias
“correcciones”. Por regla general tenemos que lamentar los resultados de
nuestra acción.
El problema consiste en que fijamos nuestros ojos en las
cosas que se ven, es decir las circunstancias que rodean la situación. Al
enfocarnos en ellas se nos hace imposible “ver” lo que hay detrás del problema,
nos cegamos nosotros mismos, no somos capaces de ver una solución y perdemos
toda esperanza, es decir nos desesperamos. El pasaje de hoy nos dice que esas
cosas que se ven son temporales, permanecen por un cierto tiempo y entonces
desaparecen. Siempre después de la oscuridad de la noche viene la luz del sol y
después de la tormenta viene la calma. Esto lo sabemos porque lo hemos
aprendido a través de la experiencia de los años. En este aspecto podemos ver
lo que aún no se ve. Si pudiésemos aplicar este concepto a nuestra vida
espiritual nos ahorraríamos muchos dolores de cabeza y sufri-mientos en este
mundo. El apóstol Pablo escribió en 2ª Corintios 5:7: “Porque por fe andamos,
no por vista.” Si andamos por fe, entonces podemos ver lo que no se ve, pues
“fe” es precisamente “la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que
no se ve”, dice Hebreos 11:1.
En 2 Reyes capítulo 6, la Biblia describe una situación
sumamente difícil para el pueblo de Israel, pues el poderoso ejército de Siria
tenía sitiada la ciudad. El criado del profeta Eliseo se acercó a él con mucho
temor diciendo: “!Ah, señor mío! ¿Qué haremos?” (v. 15). Y Eliseo le contestó:
“No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están
con ellos. Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para
que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el
monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de
Eliseo.” (v.16-17). El criado de Eliseo fue capaz de ver lo que sus ojos
físicos no podían ver. ¿Puedes tú ver lo que no se ve? Humanamente es
imposible, pero si tienes fe Dios puede abrir tus ojos espirituales.
Dios puede aumentar nuestra fe de manera que seamos
capaces de ver más allá de las circunstancias. Para ello es necesario que
establezcamos una relación íntima con él. Esto lo conseguimos leyendo su
palabra y pasando tiempo en oración cada día de nuestras vidas.
ORACIÓN: Bendito Dios, te doy gracias porque tú estás siempre a
mi lado, protegiéndome y bendiciéndome aunque yo no te vea. Te ruego aumentes
mi fe para poder ver aquellas cosas que tú quieres que yo vea, y que ahora no
puedo ver. En el nombre de Jesús, Amén.
ENRIQUE SANZ - (DEVOCIONAL "DIOS TE HABLA")


