LA CRUZ NOS HACE SER ESPERANZADOS
1. A esto se
refiere Pablo cuando dice en Romanos 5:3-4: “Y no solo esto, sino que también
nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce
paciencia, y al paciencia, carácter probado; y el carácter probado, esperanza”.
Los cristianos experimentan por sí mismos que la promesa de Dios de ayudarles
en sus tribulaciones es cierta, y así persisten en su paciencia, apoyados en la
fortaleza del Señor, y no en sus propios medios. La paciencia, por lo tanto,
hace que los santos puedan soportar sus pruebas, sabiendo que Dios les dará el
auxilio que ha prometido en cualquier momento que lo necesiten. Esto también
confirma sus esperanzas, pues los cristianos seriamos desagradecidos si no
confiáramos nuestro futuro a Dios, a quien conocemos que es fiel e inmutable.
Ahora vemos qué torrente inagotable de beneficios fluye desde la cruz. Si
descartamos las falsas opiniones de nuestras propias virtudes y descubrimos la
hipocresía que nos engaña con sus adulaciones, nuestro orgullo natural y
pecaminoso se derribará. Una vez derribados, y para que no tropecemos o nos
hundamos en nuestra desesperación, el Señor nos enseña a confiar exclusivamente
en Él. De esta victoria reuniremos nuevas esperanzas, pues cuando el Señor
cumple sus promesas, confirma Su verdad para el futuro.
2. Aunque estas fueran las únicas
razones, ya son suficientes para mostrarnos cuán necesarias son las aflicciones
de la cruz. Ser arrebatados del amor a nuestro “ego” resulta sumamente
provechoso, pues así nos damos cuenta de nuestra propia debilidad y, por lo
tanto, dejamos de confiar en nosotros mismos para comenzar a poner toda nuestra
confianza en Dios. Encomendándonos y dependiendo solamente del Señor, podemos
perseverar victoriosamente hasta el fin, y continuar en su gracia, sabiendo que
Él es fiel y verdadero en todas sus promesas. Así podemos experimentar la
certeza de Su palabra, de manera que nuestra esperanza se afiance cada vez más.
JUAN CALVINO - (DEV. "EL LIBRO DE ORO DE LA
VERD.")