miércoles, 24 de enero de 2018

¿Los deseos de la carne o la voluntad de Dios? 24 enero





“Todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.” 1ª Juan 2:16-17


Cuando Dios creó el mundo todo era perfecto y lleno de paz y amor. La maldad y el pecado que existen actualmente hicieron su aparición cuando los primeros seres humanos desobedecieron a su Creador y escucharon a Satanás. Dice Romanos 5:12: “Por tanto el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte.” Cada una de las generaciones siguientes añadió algo a esa primera falta. Después del diluvio, los hombres, en vez de dispersarse por toda la tierra como era la intención de Dios se unieron movidos por su orgullo y dijeron: “Edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre.” (Génesis 11:4). Por eso Dios confundió su lengua, de manera que no se entendían entre sí, y los esparció sobre la faz de la tierra. Por último, la perversa naturaleza del hombre fue revelada en toda su intensidad en la manera en que trataron al Hijo de Dios. Desde el nacimiento de Jesús hasta su muerte en la cruz, la humanidad lo persiguió con su odio y lo excluyó de su vida. “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron”, dice Juan 1:11. Nada de esto “proviene del Padre, sino del mundo”, dice el pasaje de hoy. Los deseos de la carne, la lujuria, la ambición desmedida, la soberbia, el orgullo, todo esto trae desgracia y condenación, pero “el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.”

Romanos 8:5-6 confirma lo anterior de la siguiente manera: “Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.” La diferencia entre una y otra actitud se manifiesta fundamentalmente en las consecuencias. La obediencia al pecado trae miseria y desgracia a la persona que lo practica, a su familia y a aquellos que están a su alrededor, mientras que la obediencia a la palabra de Dios trae paz, gozo y victoria para ellos. El salmista lo expresó claramente en el Salmo 119:44-45 cuando declaró: “Guardaré tu ley siempre. Para siempre y eternamente. Y andaré en libertad, porque busqué tus mandamientos.”

Todo ser humano tiene ante sí una decisión que debe tomar: Vivir bajo los conceptos y pasiones de la carne o bajo la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús. Los resultados de esta decisión están claramente expuestos en la Biblia: “Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús.” (Romanos 8:1). El pagó por todos nuestros pecados y está siempre listo a darnos las fuerzas que necesitamos para permanecer viviendo conforme al Espíritu y no conforme a la carne. Sin embargo, aquellos que rechazan la voluntad de Dios, que no están dispuestos a vivir conforme al Espíritu y prefieren disfrutar de los placeres de la carne les espera exactamente lo contrario.

En el capítulo 25 del Evangelio según Mateo, a partir del versículo 31, la Biblia describe aquel momento cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria a juzgar a las naciones. Allí el Señor separará a todo el mundo en dos grupos. A su derecha estarán los que creyeron en él y actuaron conforme al Espíritu de vida, y a su izquierda los que rechazaron su sacrificio y prefirieron vivir siguiendo los deseos y pasiones de la carne. “Estos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna”, declara el Señor en Mateo 25:46.

No es nada fácil luchar contra los deseos de la carne, pues están profundamente integrados en nuestra propia naturaleza. Además, alrededor de nosotros hay infinidad de tentaciones de todo tipo que constantemente llaman nuestra atención y nos incitan a actuar en contra de la voluntad de Dios. Pero el Espíritu Santo está siempre dispuesto a darnos fuerzas y a ayudarnos si acudimos a él en oración.

¿Los deseos de la carne o la voluntad de Dios? Al final la decisión es tuya. Mantén una íntima comunión con el Señor y tendrás las fuerzas y el valor para obedecerle siempre.


ORACIÓN: Bendito Padre celestial, te ruego me des las fuerzas y la sabiduría para rechazar todas las tentaciones que me impulsan a buscar los placeres de la carne, de manera que yo pueda vivir conforme al Espíritu de vida haciendo siempre tu voluntad. En el nombre de Jesús te lo pido, Amén.



ENRIQUE SANZ - (DEVOCIONAL "DIOS TE HABLA")









TRADUCCIÓN