“Si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente
es aprobado delante de Dios. Pues para esto fuisteis llamados; porque también
Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas;
el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le
maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino
encomendaba la causa al que juzga justamente; quien llevó él mismo nuestros pecados en su
cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados,
vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.” 1ª Pedro 2:20-24
Constantemente en el mundo están sucediendo tragedias de
todo tipo. Ya sean ocasionadas por fenómenos naturales como terremotos,
huracanes o tornados, o por alguna de tantas guerras alrededor del planeta, o
por medio de la violencia que existe alrededor de nosotros como asaltos,
violaciones, robos, o simplemente la muerte natural de un ser querido. En estos
mismos momentos miles y miles de personas están sufriendo producto de una de
estas causas u otras similares. Y en medio del dolor muchos se preguntan: “¿Por
qué Dios permite tanto sufrimiento?” Preguntas como ésta abundan mucho en el
vocabulario de los creyentes. “¿Por qué a mí?” “¿Por qué… si yo soy un buen
cristiano?” Quizás inconscientemente nos aferramos a la idea de que una vez que
aceptamos a Jesucristo como nuestro salvador, los sufrimientos y tribulaciones
van a desaparecer de nuestras vidas y que todo va a marchar siempre “a pedir de
boca”.
Lo cierto es que no es así. La experiencia nos enseña
que, al igual que los no creyentes, mientras estamos en este mundo, los
cristianos encontramos muchas pruebas, algunas de las cuales traen con ellas
una gran dosis de dolor y pesar que afecta nuestras vidas profundamente.
Realmente no debía sorprendernos, pues el mismo Jesús lo advirtió a sus
discípulos, a aquellos que habían dejado todo para seguirlo, cuando les dijo:
“En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo.” (Juan
16:33). El dolor y el sufrimiento siempre tienen un objetivo mayor que nuestra
comodidad, placer o metas personales. Son parte del plan de Dios para la vida
de cada uno de nosotros, aunque nos parezca increíble. El pasaje de hoy dice
que fuimos llamados a sufrir. En el propósito de Dios sobresalen tres puntos
fundamentales en relación al sufrimiento:
1. Que
maduremos por medio del sufrimiento. La
vida del cristiano es un llamado a la gloria a través de un camino de
sufrimientos. Necesitamos ir a través de este camino de tribulaciones como
parte de un proceso que nos fortalezca y perfeccione espiritualmente. (1ª Pedro
5:10).
2. Que nos
identifiquemos con Cristo a través del sufrimiento. Una vez entendemos que el sufrimiento forma parte del
plan de Dios, los cristianos podemos identificamos con Cristo porque, al igual
que él, sufrimos en el camino que nos lleva a la gloria. Después de su
resurrección, Jesús les dijo a algunos de sus discípulos en el camino a Emaús,
que estaban tristes: "¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo
lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas
cosas, y que entrara en su gloria?" (Lucas 24:25-26).
3. Que
obtengamos la victoria por medio del sufrimiento. Hebreos 12:2 nos exhorta a vivir siempre con “los ojos
puestos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto
delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la
diestra del trono de Dios.”
No hay duda de que no hay gozo en el sufrimiento. El gozo
viene después. No hubo gozo el viernes en la cruz del Calvario. El gozo se
manifestó el domingo, en la resurrección. Pero para que hubiese resurrección
tuvo que haber muerte primero. Jesús pudo haberse librado de la cruz, pero no
lo hizo por amor a nosotros. Él decidió aceptar el plan del Padre, confiar en
él y obedientemente padeció el terrible e injusto sufrimiento. Y después, dice
la Biblia, “Dios le exaltó hasta lo sumo.” (Filipenses 2:9).
Medita en esta enseñanza y entonces piensa: ¿Cuál será tu
actitud ante el sufrimiento? ¿Cómo has decidido llevar tu cruz?
ORACIÓN: Padre santo, te pido me ayudes a ver en esas épocas de
sufrimiento en mi vida la oportunidad de entregarme más a ti, de confiar más,
de identificarme más con tu Hijo Jesucristo, y así esperar con paciencia la
victoria que viene después. En el nombre de Jesús, Amén.
ENRIQUE SANZ - (DEVOCIONAL "DIOS TE HABLA")


