lunes, 22 de enero de 2018

¿Cuál es tu actitud ante el sufrimiento? 22 enero





Si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios. Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente; quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.” 1ª Pedro 2:20-24


Constantemente en el mundo están sucediendo tragedias de todo tipo. Ya sean ocasionadas por fenómenos naturales como terremotos, huracanes o tornados, o por alguna de tantas guerras alrededor del planeta, o por medio de la violencia que existe alrededor de nosotros como asaltos, violaciones, robos, o simplemente la muerte natural de un ser querido. En estos mismos momentos miles y miles de personas están sufriendo producto de una de estas causas u otras similares. Y en medio del dolor muchos se preguntan: “¿Por qué Dios permite tanto sufrimiento?” Preguntas como ésta abundan mucho en el vocabulario de los creyentes. “¿Por qué a mí?” “¿Por qué… si yo soy un buen cristiano?” Quizás inconscientemente nos aferramos a la idea de que una vez que aceptamos a Jesucristo como nuestro salvador, los sufrimientos y tribulaciones van a desaparecer de nuestras vidas y que todo va a marchar siempre “a pedir de boca”.

Lo cierto es que no es así. La experiencia nos enseña que, al igual que los no creyentes, mientras estamos en este mundo, los cristianos encontramos muchas pruebas, algunas de las cuales traen con ellas una gran dosis de dolor y pesar que afecta nuestras vidas profundamente. Realmente no debía sorprendernos, pues el mismo Jesús lo advirtió a sus discípulos, a aquellos que habían dejado todo para seguirlo, cuando les dijo: “En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo.” (Juan 16:33). El dolor y el sufrimiento siempre tienen un objetivo mayor que nuestra comodidad, placer o metas personales. Son parte del plan de Dios para la vida de cada uno de nosotros, aunque nos parezca increíble. El pasaje de hoy dice que fuimos llamados a sufrir. En el propósito de Dios sobresalen tres puntos fundamentales en relación al sufrimiento:


1. Que maduremos por medio del sufrimiento. La vida del cristiano es un llamado a la gloria a través de un camino de sufrimientos. Necesitamos ir a través de este camino de tribulaciones como parte de un proceso que nos fortalezca y perfeccione espiritualmente. (1ª Pedro 5:10).


2. Que nos identifiquemos con Cristo a través del sufrimiento. Una vez entendemos que el sufrimiento forma parte del plan de Dios, los cristianos podemos identificamos con Cristo porque, al igual que él, sufrimos en el camino que nos lleva a la gloria. Después de su resurrección, Jesús les dijo a algunos de sus discípulos en el camino a Emaús, que estaban tristes: "¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?" (Lucas 24:25-26).


3. Que obtengamos la victoria por medio del sufrimiento. Hebreos 12:2 nos exhorta a vivir siempre con “los ojos puestos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.”

No hay duda de que no hay gozo en el sufrimiento. El gozo viene después. No hubo gozo el viernes en la cruz del Calvario. El gozo se manifestó el domingo, en la resurrección. Pero para que hubiese resurrección tuvo que haber muerte primero. Jesús pudo haberse librado de la cruz, pero no lo hizo por amor a nosotros. Él decidió aceptar el plan del Padre, confiar en él y obedientemente padeció el terrible e injusto sufrimiento. Y después, dice la Biblia, “Dios le exaltó hasta lo sumo.” (Filipenses 2:9).

Medita en esta enseñanza y entonces piensa: ¿Cuál será tu actitud ante el sufrimiento? ¿Cómo has decidido llevar tu cruz?


ORACIÓN: Padre santo, te pido me ayudes a ver en esas épocas de sufrimiento en mi vida la oportunidad de entregarme más a ti, de confiar más, de identificarme más con tu Hijo Jesucristo, y así esperar con paciencia la victoria que viene después. En el nombre de Jesús, Amén.



ENRIQUE SANZ - (DEVOCIONAL "DIOS TE HABLA")









TRADUCCIÓN