EL SEÑOR ES JUSTO EN TODOS SUS ACTOS
1. Este no es le único caso en que los
creyentes deberían ser pacientes y temerosos de Dios, pues es menester vivir de
esta forma en todas las circunstancias de la vida. No hay nadie que se haya
negado a sí mismo correctamente a menos que esté totalmente rendido al Señor y
quiera dejar cada detalle de su existencia en sus manos. Si tenemos esa
predisposición mental, las cosas que nos sucedan, jamás nos harán sentir
desdichados, ni tampoco acusaremos falsamente a Dios por nuestra suerte.
2. Si consideramos la enorme cantidad de
accidentes a la que estamos expuestos, veremos cuán necesario es ejercitar
nuestra mente de esta forma. Enfermedades de todo tipo tocan nuestros débiles
cuerpos, una detrás de otra; o la pestilencia nos encierra, o bien los
desastres de la guerra nos atormentan. En otra ocasión, las heladas, el
invierno o tormentas torrenciales, las inundaciones provocadas por los ya
mencionados, así que somos amenazados por la escasez y la poca abundancia.
Otras veces nuestros seres queridos, esposo, esposa e hijos y más familiares,
son arrebatados por la muerte, o nuestro hogar es abrazado por los siniestros
ya sean terremotos o tsunamis que es parte del juicio de Dios para tratar con
el hombre y su pecado. En vista de estos acontecimientos la gente maldice su
vida, y hasta el día en que nacieron, culpan a Dios, reprochan y blasfeman su
Santo Nombre, como si Él fuera cruel e injusto.
3. Pero el fiel creyente, aun en medio de
todas estas circunstancias meditará en las misericordias y en sus bondades
paternales de Dios. Si ve que sus seres amados le son arrebatados y su hogar
queda solitario; no cesará de bendecir a Dios, y considerará que la gracia de
su Padre Celestial no lo dejará desolado. Si ve las tierras del cultivo y sus
viñedos anegados o destrozados por la escarcha del granizo, y él y su familia
se ven amenazados por el hambre o la escasez económica, no se desanimará ni
estará insatisfecho, sino que persistirá en su firme confianza porque sabe de
quien viene, y en quien confía. Estamos bajo el cuidado protector de nuestro
Dios, somos “las ovejas de su prado”, por lo que Él nos suplirá todo aquello
que necesitamos. Si alguien es afligido con la enfermedad, no se deprimirá con la
amargura, ni se impacientará y se quejará contar Dios, sino que considerará la
justicia y bondad de su Padre eterno y crecerá en la paciencia mientras es
castigado y corregido.
4. Resumiendo, si sabemos que cualquier
cosa que nos ocurra es ordenada por Dios, la recibiremos con una con corazón
pacífico y agradecido, no siendo culpables de resistir orgullosamente los
designios del Señor, a quien una vez nos hemos encomendado junto con todo lo
que poseemos. Lejos estará del corazón del cristiano aceptar el consuelo necio
y retorcido de los filósofos paganos, quienes intentan endurecerse contra las
adversidades culpando de ello a la suerte o al destino. Los tales consideran que
estar disgustados con la porción que nos toca es una locura, porque existe un
ciego y cruel en el mundo que afecta a todos, dignos e indignos. Sin embargo,
el principio de la verdadera devoción es que sólo Dios es el Guía y Gobernador
supremo, tanto en la prosperidad como en la adversidad, y que nunca se
precipita, sino que distribuye todo bien y todo mal con la máxima justicia y
equidad. (Ver Salmo 79:13; Amós 4:6-13).
JUAN CALVINO - (DEV. "EL LIBRO DE ORO DE LA
VERD.")


