lunes, 15 de enero de 2018

Libro de Oro 15 enero





EL SEÑOR ES JUSTO EN TODOS SUS ACTOS



1. Este no es le único caso en que los creyentes deberían ser pacientes y temerosos de Dios, pues es menester vivir de esta forma en todas las circunstancias de la vida. No hay nadie que se haya negado a sí mismo correctamente a menos que esté totalmente rendido al Señor y quiera dejar cada detalle de su existencia en sus manos. Si tenemos esa predisposición mental, las cosas que nos sucedan, jamás nos harán sentir desdichados, ni tampoco acusaremos falsamente a Dios por nuestra suerte.


2. Si consideramos la enorme cantidad de accidentes a la que estamos expuestos, veremos cuán necesario es ejercitar nuestra mente de esta forma. Enfermedades de todo tipo tocan nuestros débiles cuerpos, una detrás de otra; o la pestilencia nos encierra, o bien los desastres de la guerra nos atormentan. En otra ocasión, las heladas, el invierno o tormentas torrenciales, las inundaciones provocadas por los ya mencionados, así que somos amenazados por la escasez y la poca abundancia. Otras veces nuestros seres queridos, esposo, esposa e hijos y más familiares, son arrebatados por la muerte, o nuestro hogar es abrazado por los siniestros ya sean terremotos o tsunamis que es parte del juicio de Dios para tratar con el hombre y su pecado. En vista de estos acontecimientos la gente maldice su vida, y hasta el día en que nacieron, culpan a Dios, reprochan y blasfeman su Santo Nombre, como si Él fuera cruel e injusto.


3. Pero el fiel creyente, aun en medio de todas estas circunstancias meditará en las misericordias y en sus bondades paternales de Dios. Si ve que sus seres amados le son arrebatados y su hogar queda solitario; no cesará de bendecir a Dios, y considerará que la gracia de su Padre Celestial no lo dejará desolado. Si ve las tierras del cultivo y sus viñedos anegados o destrozados por la escarcha del granizo, y él y su familia se ven amenazados por el hambre o la escasez económica, no se desanimará ni estará insatisfecho, sino que persistirá en su firme confianza porque sabe de quien viene, y en quien confía. Estamos bajo el cuidado protector de nuestro Dios, somos “las ovejas de su prado”, por lo que Él nos suplirá todo aquello que necesitamos. Si alguien es afligido con la enfermedad, no se deprimirá con la amargura, ni se impacientará y se quejará contar Dios, sino que considerará la justicia y bondad de su Padre eterno y crecerá en la paciencia mientras es castigado y corregido.


4. Resumiendo, si sabemos que cualquier cosa que nos ocurra es ordenada por Dios, la recibiremos con una con corazón pacífico y agradecido, no siendo culpables de resistir orgullosamente los designios del Señor, a quien una vez nos hemos encomendado junto con todo lo que poseemos. Lejos estará del corazón del cristiano aceptar el consuelo necio y retorcido de los filósofos paganos, quienes intentan endurecerse contra las adversidades culpando de ello a la suerte o al destino. Los tales consideran que estar disgustados con la porción que nos toca es una locura, porque existe un ciego y cruel en el mundo que afecta a todos, dignos e indignos. Sin embargo, el principio de la verdadera devoción es que sólo Dios es el Guía y Gobernador supremo, tanto en la prosperidad como en la adversidad, y que nunca se precipita, sino que distribuye todo bien y todo mal con la máxima justicia y equidad. (Ver Salmo 79:13; Amós 4:6-13).



JUAN CALVINO - (DEV. "EL LIBRO DE ORO DE LA VERD.")









TRADUCCIÓN