Algunos
cristianos están siempre en crisis y pareciera que quieren contarte todos sus
problemas. Sienten una necesidad de describir sus preocupaciones a otros, pero
son renuentes a llevarlas a Jesús, como si él no tuviese nada que ofrecer.
No lo
malinterpretes: No me estoy refiriendo a aquellos cristianos que están pasando
por problemas verdaderos, legítimos. Sino más bien, a que una señal importante
de madurez, es el hecho de no desafiar a Dios a manifestarse a tu vida con una
evidencia visible o con una fuerte voz interior. El Señor dice que sus ovejas
conocen su voz, pero frecuentemente, la voz que Dios usa hoy, para con su
pueblo, es su Palabra revelada. Leemos: “Dios, habiendo hablado muchas veces y
de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos
postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo,
y por quien asimismo hizo el universo” (Hebreos 1:1-2).
Cuando el
Espíritu Santo nos habla, es para recordarnos las palabras de Jesús: “Mas el
Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os
enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan
14:26).
En una ocasión,
hablé frente a un grupo de ministros, y me sentí dirigido por el Espíritu Santo
a pedirle a las esposas de los pastores que oraran unas por otras. Mientras
estas mujeres se tomaban de la mano y oraban unas por otras, la dulce presencia
del Señor cayó sobre ellas y comenzaron a llorar y a compartir unas con otras.
No hubo rayos y truenos, ni alguna evidencia sobrenatural, tan sólo se estaba
llevando a cabo una obra preciosa, silenciosa del Espíritu Santo. Luego, oímos
testimonios de mujeres cuyas vidas habían sido transformadas durante ese precioso
tiempo con el Señor.
No caigas en la
trampa de buscar señales y prodigios; ¡simplemente obedece al Señor, confía en
su Palabra y déjale a él los resultados!
DAVID WILKERSON - (DEVOCIONAL DIARIO “ORACIONES”)


