“Trabajad, no por la comida que perece, sino por la
comida que permanece para vida eterna, la cual os dará el Hijo del hombre,
porque a este señaló Dios, el Padre.” Juan 6:27 (Lea: Juan 6:22-40)
Está muy claro
en este pasaje que estas personas habían malentendido totalmente quién era
nuestro Señor, lo que estaba haciendo y lo que les dijo. Ningún otro pasaje de
las Escrituras revela de manera más clara la confusión que sienten muchas
personas respecto a Jesús.
Fíjese usted en
lo que Jesús tiene que corregir respecto a la confusión de ellos: para empezar,
les dice: “Trabajad, no por la comida que perece”. Como es lógico, Él no está
diciendo: “No trabajéis para ganaros el sustento”. Jesús no está promoviendo
este concepto. Lo que quiere decir es: “No trabajéis tan sólo para poder
alimentaros”. La comida es importante; es necesaria para la vida, y usted se la
ha ganado. Pero no permitáis que ese sea el único motivo por el que trabaja
usted. Más bien “sino por la comida que permanece para vida eterna”.
Estas personas,
como muchas actualmente, creían que lo más importante era mantenerse con vida,
estar sanos, fuertes, y contar con suficientes medios económicos. De eso se
trataba la vida, pensaban ellos.
Evidentemente
la mayoría de las personas por todo el mundo hoy en día cree que este es el
motivo por el que las personas trabajan.
Jesús hace la
pregunta: “¿Por qué trabajáis?”. ¿Está usted trabajando solamente para ganarse
el sustento, para tener un hogar hermoso, para estar cómodo? Si es así, nuestro
Señor está diciendo que cuando consiga usted todo esto, se preguntará a sí
mismo: “¿Es esto todo lo que hay?”. Esto es cierto de toda la humanidad. Lo que
distingue a los seres humanos de los animales es que el tener el estómago lleno
y un lugar cómodo en el que descansar no hace que nos sintamos satisfechos.
Respecto a esta
hambre, Jesús les dijo: “Yo soy el pan de vida. El que a mí viene nunca tendrá
hambre, y el que en mí cree no tendrá sed jamás” (Juan 6:35). Jesús reconoce el
hambre universal de pan como un pan por encima del pan físico. Hoy en día usted
no puede ir a ninguna parte en la tierra sin encontrarse con personas que
tengan hambre de algo que sea más que tener el estómago lleno y un hogar
cómodo. Hay una inquietud en nosotros que clama pidiendo más. Jesús reconoció
esto. Todo el mundo en esta multitud quería lo que Él ofrecía. No entendían lo
que era, pero lo deseaban, sintiendo que en la vida hay algo mucho más que el
pan.
Jesús le dice
claramente a la multitud cómo comer y compartir del pan de vida. Para ello usa
dos cosas sencillas que todo el mundo puede entender: el hambre y la sed. ¿Qué
hace usted cuando tiene hambre? Usted come, y si continúa usted comiendo con
regularidad, no tendrá nunca hambre. ¿Qué hace usted cuando tiene sed? Usted
bebe, y si continúa usted bebiendo, no tendrá usted sed jamás. Lo que Jesús
está diciendo es que el alimentarse de Él es acudir a Él, o acudir a Él es
alimentarse de Él. “Acudir” quiere decir verle a Él como presente en su vida,
esperando que Él haga algo. “Comer” significa un sentido de expectativa, es
decir, esperar que Él esté disponible y que Él actuará. “Beber” es creer,
escuchar lo que Él tiene que decir y obedecerlo. Si continúa usted haciendo
esto, nunca tendrá usted sed. ¡Qué sencillo y qué hermoso es esto! “¡Venid y
creed!” Continúe usted acudiendo; continúe usted creyendo. Es así como puede
usted apoderarse del don del pan del cielo, la vida que es verdadera vida.
ORACIÓN. Gracias, Padre, por el pan que
descendió del cielo, ese pan de vida que está disponible para mí, Señor, que tú
has ofrecido darme y que me das como yo creo en ti.
APLICACIÓN PARA LA VIDA. ¿Hay algo más
en la vida que el sencillo hecho de tener un techo sobre la cabeza y comida en
la mesa? ¿Cuál es el pan de vida que Jesús quiere que tengamos?
RAY STEADMAN - (DEV. "EL PODER DE SU
PRESENCIA")


