“Sean ustedes imitadores de mí; así como yo lo soy
de Cristo.” 1ª Corintios 11:1 (Leer: Mateo 15:1-20)
Estaba comiendo
en un restaurante de comidas rápidas, cuando noté que entraba un hombre con un
bastón blanco. Mientras caminaba ponía la mano en el hombro de un muchacho en
quien parecía tener una confianza total para guiarlo.
Nuestro Señor
se refirió a líderes en quienes no debíamos confiar, los llamó “hipócritas”,
eran ciegos que guiaban a otros ciegos (Mateo 15:7-14). El problema de estos
líderes religiosos escribas y fariseos, era que enseñaban tradiciones humanas
en lugar de enseñar lo que indicaba la Palabra de Dios (Mateo 15:3-9).
En estos días
también hay muchas voces en los medios de comunicación, púlpitos y en redes sociales que dicen: “Síganme a mí,
yo soy el que tengo la verdad”. Desde sus días, el apóstol Juan sabía que este
tipo de situaciones se presentarían en las iglesias de su tiempo; y ni qué
decir de nuestros días, él nos advirtió: “Amados, no crean a todo espíritu,
sino prueben si los espíritus son de Dios. Porque muchos falsos profetas han
salido al mundo” (1ª Juan 4:1).
Te preguntarás:
¿Cómo se prueban los espíritus? Haciendo simples preguntas:
* ¿La persona que está hablando refleja
la vida de Cristo? (Romanos 12:1-2)
* ¿Proclama el mensaje de salvación por
gracia, por medio de la fe en la obra redentora de Cristo, y no por obras que
el ser humano pueda hacer? (1ª Corintios 9:16).
* ¿Reconoce su dependencia de Dios y
enseña que solamente Jesús es el camino, la verdad y la vida? (Juan 14:6).
Si las
respuestas a estas simples preguntas son negativas, estamos ante una persona
ciega y por ende quienes la sigan, están siendo dirigidos por un ciego.
1. Tengamos siempre el cuidado de
examinar a las personas en quienes hemos confiado para ser nuestros líderes.
2. Un verdadero líder conoce el Camino,
enseña el Camino y anda por el Camino.
MD/HG -
(DEVOCIONAL DIARIO “MI DEVOCIONAL”)


