jueves, 23 de noviembre de 2017

La resurrección: una creencia que importa 23 noviembre


  


“Pero si se predica de Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos?” 1ª Corintios 15:12


Sin la verdad de la resurrección corporal, la fe cristiana no tendría sentido.

Aunque Pablo y los otros apóstoles hicieron de la resurrección de Cristo y Sus seguidores una parte central del mensaje del evangelio, algunos gentiles nuevos convertidos (especialmente los corintios), tenían dificultades para aceptar la idea de la resurrección corporal. Esa lucha resultó principalmente de los efectos del dualismo griego, el cual veía lo espiritual como intrínsecamente bueno y lo físico como intrínsecamente malo. Bajo esa creencia, una resurrección física era considerada bastante repulsiva.

La única manera en que los gentiles podían acomodar su dualismo era decir que Jesús era divino pero no verdaderamente humano. Por lo tanto, Él sólo pareció morir, y Sus apariciones entre la crucifixión y ascensión eran manifestaciones que parecían ser corporales. Pero Pablo sabía que era una mala doctrina. Él escribió a los Romanos: “acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos” (Rom 1:3-4).

Negar la resurrección corporal de Cristo crea problemas significativos doctrinales. Sin Su resurrección, el evangelio es simplemente un mensaje vacío que no tiene sentido. Sin la resurrección, Jesús no hubiera podido conquistar el pecado y la muerte, y por lo tanto nosotros no podríamos haber seguido en esa victoria tampoco.

Sin la resurrección física, una vida de fe centrada en el Señor Jesús es inútil. Un salvador muerto no puede proveer ningún tipo de vida. Si los muertos no son resucitados corporalmente, Cristo no resucitó, y tampoco nosotros. Si todo eso fuera verdad, no podríamos hacer mucho más que concluir como el siervo del Señor: “Por demás he trabajado, en vano y sin provecho he consumido mis fuerzas” (Isa 49:4). Pero la gloriosa realidad es que podemos afirmar como Job: “Yo sé que mi Redentor vive, Y al fin se levantará sobre el polvo; Y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios” (Job 19:25-26).



JOHN MACARTHUR - (DEV. "VIDA NUEVA PARA EL MUNDO")









TRADUCCIÓN