“...se fue a un lugar solitario, y allí oraba.” (Marcos
1:35 LBLA)
Si no te
dispones a orar, te dispones a fracasar. La razón por la que Jesús nunca
fracasó es porque siempre oraba. Fijémonos en qué situaciones lo hacía: Cuando
su corazón estaba contristado. Durante su ministerio en la tierra Su primo Juan
el Bautista fue arrestado y decapitado públicamente por confrontar al rey
acerca de su pecado. “Al oírlo Jesús, se apartó de allí, Él solo ... a un lugar
desierto...” (Mateo 14:13). Las decepciones, el abandono, el divorcio y la
muerte escribirán algún capítulo en el libro de nuestra vida. Demos gracias a
Dios por los psicólogos y los médicos. Pero en última estancia ninguno puede
sanar un corazón herido como lo hace Dios. “Él sana a los quebrantados de
corazón y venda sus heridas. Él cuenta el número de las estrellas; a todas
ellas llama por sus nombres. Grande es el Señor nuestro, y mucho Su poder, y Su
entendimiento es infinito” (Salmos 147:3-5).
Ya sea contar
estrellas o sanar corazones, ninguna
situación es demasiado grande o demasiado pequeña para llamar la atención de
nuestro amado Dios. Para entender la maravilla de la sanidad de Dios
considera la vida de Job. Nadie nunca ha perdido tanto como él, sin embargo
Dios lo sacó victorioso de este proceso. En el capítulo 11 de Job leemos:
“Olvidarás tu sufrimiento; será como agua que corre. Tu vida será más radiante
que el mediodía; y aun la oscuridad brillará como la mañana. Tener esperanza te
dará valentía. Estarás protegido y descansarás seguro. Te acostarás sin temor;
muchos buscarán tu ayuda” (Job 11:16-19 NTV). ¿Estás triste y abrumado hoy? Haz
lo que hizo Jesús: pasa tiempo en oración.
BOB Y DEBBIE GASS - (DEVOCIONAL "LA PALABRA
PARA HOY")


