miércoles, 22 de noviembre de 2017

¿Eres tú un buen testigo de Jesús? 22 noviembre





Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio diciendo: Me dijo todo lo que he hecho. Entonces vinieron los samaritanos a él y le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días. Y creyeron muchos más por la palabra de él, y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.” Juan 4:39-42


Este pasaje nos habla de una ocasión en la que Jesús se encontró con una mujer samaritana junto al pozo de Jacob. Los judíos tenían muy mal concepto de los samaritanos, y trataban por todos los medios de no tener ningún tipo de contacto con ellos. A pesar de eso, Jesús inició la conversación con aquella mujer cuando ella sacaba agua del pozo, y le pidió agua para beber (v. 7). Ella, sorprendida, le contestó: “¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí.”

Además de samaritana, aquella mujer era adúltera, y su estilo de vida era obviamente pecaminoso y despreciable para cualquier persona de principios. Sin embargo, Jesús continuó la conversación tratándola con dignidad, y le habló de la fuente de verdadera felicidad, la única que podría llenar su corazón profundamente y para siempre. Como resultado, ese día ella conoció al Mesías personalmente y depositó en él su fe. Pero no se detuvo ahí, sino que regresó a la ciudad y comenzó a contar a todos su experiencia con el Señor (v.28-29). El pasaje de hoy nos muestra el resultado del proceso que comenzó con la iniciativa de Jesús de entablar conversación con aquella mujer samaritana, y continuó con la decisión de ella de compartir lo que había oído. Aquí vemos como muchos de sus coterráneos se sintieron impulsados a buscar a Jesús, y al encontrarlo muchos creyeron en él y obtuvieron la vida eterna. Si nosotros queremos ser testigos eficientes del Señor tenemos que empezar tratando a aquellos que nos rodean de una manera especial, tal y como hizo Jesús.

El mayor anhelo de Dios es la salvación de la humanidad. Con ese fin él envió a su Hijo Jesucristo, “para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Juan 3:16). Ahora bien, es muy importante que esas nuevas de salvación lleguen a la humanidad perdida. Cuando Jesús les prometió a sus discípulos que recibirían poder por medio del Espíritu Santo (Hechos 1:8), les dijo: “y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.” Todos los que hemos aceptado a Jesucristo como nuestro salvador hemos recibido ese poder. Es nuestra responsabilidad usarlo para seguir las instrucciones del Señor.

En nuestro diario caminar por este mundo vamos a encontrarnos gentes de diferentes niveles en el aspecto espiritual. Algunos están buscando, otros son escépticos, otros están maduros y listos para responder positivamente. Por eso es que tú y yo debemos estar preparados para aprovechar toda oportunidad que se presente, y tomar la iniciativa de comenzar una conversación tal y como Jesús hizo.

Es posible que estés esperando esa preciosa oportunidad de compartir tu testimonio de conversión con alguna persona, o quizás estés en espera de que alguien te pregunte acerca del Señor simplemente al ver tu manera de actuar. Pero si bien esto puede suceder ocasionalmente, mucho más común es el hecho de que una persona conozca a Cristo porque alguien hizo el esfuerzo de llegarse a ella e interesarse por su bienestar, o darle una palabra de aliento o de alguna manera mostrarle el amor de Dios, y aprovechar el momento para hablarle de Jesús. Si cada cristiano actuara de esta manera, ten la completa seguridad que el mundo en que vivimos sería muchísimo mejor.

Ora para que el Espíritu Santo te dirija a esas personas que necesitan conocer al Señor, y te capacite para hablarles de manera que puedas ser un testigo efectivo e instrumento para que conozcan la fuente de salvación y vida eterna.


ORACIÓN: Padre mío, te ruego me des sabiduría para hablar a otros de tu Hijo Jesucristo y de la vida eterna que a través de él tú nos ofreces. Ayúdame a tomar la iniciativa de llegarme adonde quiera que haya un alma que no te conozca, y ser un testigo que glorifique tu nombre. En el nombre de Jesús, Amén.



ENRIQUE SANZ - (DEVOCIONAL "DIOS TE HABLA")









TRADUCCIÓN