“Pero gracias a Dios, quien nos da la victoria por
medio de nuestro Señor Jesucristo.” 1ª Corintios 15:57 (Leer: Mateo 5:1-12)
Algunas veces
somos como el niño que al final del día se arrodilla junto a su cama y ora de
la siguiente forma: “Gracias Dios, por no dejar que mi mamá encontrara las
envolturas de chocolate en mi bolsillo. Estoy contento porque me pude quedar
con todos los dulces que en realidad eran de Esteban. Ah, y se me olvidaba,
gracias por no dejar que papá se diera cuenta que tomé sin permiso sus
herramientas, para realizar los experimentos de mecánica en mi “bicicleta
Monstruo”.
Una actitud muy
similar y mala por cierto, es la que a veces nos caracteriza como creyentes. Es
por eso que nuestra lectura de la Biblia en Mateo 5 es tan apropiada. Aunque la
palabra gracias no aparece en estos versos, en este pasaje el Señor nos muestra
de lo que se trata la buena vida; en vez de enfatizar el éxito material, Cristo
nos enseña que la verdadera felicidad y prosperidad comienzan en el corazón.
¿Cómo podemos
decir gracias de una manera más significativa? Trata de dar gracias a Dios por las pruebas que te llevaron a reconocer
tus necesidades espirituales (v. 3), por las veces que lloraste cuando
reconociste el pecado (v. 4), por las veces en que humildemente aceptaste la
soberanía de Dios (v. 5). Gracias por las alegrías y tristezas que te animaron
a tener hambre de justicia (v. 6), por todas las veces que Dios te mostró
misericordia (v. 7), porque Él te
recuerda diariamente la necesidad de ser puro de corazón (v. 8), o por las
veces en las que fue necesario ser un pacificador (v. 9).
Debes darle
gracias a Dios por todos aquellos acontecimientos que han contribuido al
desarrollo de las bienaventuranzas en tu vida, las cuales reflejan su plan para
tu bienestar.
1. Esa es la idea: darle verdaderamente
las gracias a Dios, día con día.
2. Para el creyente, dar gracias no es
tan sólo la acción de un día, sino que es una forma de vida.
MD/HG -
(DEV. PROVERBIOS: “SABIDURÍA DIVINA PARA LA VIDA DIARIA”)


