“Es, pues, la fe la certeza de lo que se
espera, la convicción de lo que no se ve.” Hebreos 11:1
(Leer 1 Samuel 26 – Mateo 21:1-22 –
Salmo 18:37-42 – Prov. 6:20-26)
En la Biblia,
el término “fe” no tiene siempre el mismo significado.
– Fe es creer.
Es confiar plenamente en Jesucristo, el Hijo de Dios, el único “mediador entre
Dios y los hombres” (1ª Timoteo 2:5). “Cree en el Señor Jesucristo, y serás
salvo” (Hechos 16:31). “Por gracia sois salvos por medio de la fe” (Efesios
2:8).
– La fe no es
solo un punto de partida, es la razón de nuestras oraciones. Es por esto que
los discípulos pidieron al Señor: “Auméntanos la fe” (Lucas 17:5). Por medio de
ella el creyente se encomienda a Dios, reconociendo su poder y su fidelidad
para mantener sus promesas. “Pida con fe, no dudando nada” (Santiago 1:6).
– La fe también es el móvil y la fuerza en la vida
del creyente. El apóstol Pablo declaró: “Por fe andamos, no por
vista” (2ª Corintios 5:7). Es, pues, una energía interior que nos permite
avanzar. Pablo quería encontrarse con los cristianos de Roma para ser
juntamente alentados, “por la fe que nos es común” (Romanos 1:12). El capítulo
11 de la epístola a los Hebreos nos da claros testimonios de hombres y mujeres
que experimentaron ese texto bíblico: “El justo vivirá por fe” (Hebreos 10:38).
– Finalmente,
la fe abarca toda la verdad cristiana. Es lo que debemos creer firmemente.
Somos llamados a contender “ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a
los santos” (Judas 3). Al final de su vida, Pablo pudo decir: “He guardado la
fe” (2ª Timoteo 4:7).
La fe no es
solo creer que Dios existe, es un vínculo permanente con él en todos los
aspectos de nuestra vida.
EDICIONES BÍBLICAS – (DEVOCIONAL “LA BUENA SEMILLA”)


