“No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea
perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui
también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya
alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y
extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo
llamamiento de Dios en Cristo Jesús.” Filipenses 3:12-14
En este pasaje, el apóstol Pablo nos habla de
una meta que él tenía en su vida. Admite que aún no la había alcanzado, pero
estaba perfectamente consciente de cuál era esa meta. Su propósito era “ver si
logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús.” Desde el
momento en que Pablo tuvo el encuentro con Jesús en el camino a Damasco su vida
cambió radicalmente. Allí conoció el verdadero propósito de su vida, y su
manera de actuar cambió totalmente. Entonces se dedicó de todo corazón a servir
al Señor en medio de circunstancias sumamente difíciles. Por eso declaró con
certeza: “Olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que
está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en
Cristo Jesús.”
Pasaron los años y sintiendo que su fin se
acercaba Pablo escribió a su hijo espiritual Timoteo. En su carta le dijo: “He
peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo
demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez
justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su
venida.” (2ª Timoteo 4:7-8). Este es el premio que espera
a los que conocen el plan de Dios en sus vidas y se han hecho el propósito de
obedecer sus instrucciones.
Si has llegado a conocer el propósito
fundamental de tu vida, depende de ti el concentrarte en llevar a cabo ese
propósito. Si lo haces obtendrás muchos beneficios. He aquí algunos de estos
beneficios:
1. Dará enfoque a tu vida. Aquel que conoce su propósito se dirige directamente a
la meta enfocando su mirada, sus pensamientos y su energía en lograr ese
propósito. Hebreos 12:1-2 lo resume de esta manera: “Corramos con paciencia la
carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y
consumador de la fe.” Poner los ojos en Jesús es hacerlo a él el foco central,
es decir el propósito fundamental de nuestras vidas.
2. Simplificará tu vida. No tener un propósito o un plan determinado es como caminar en una
dirección por un tiempo, detenernos, cambiamos de dirección, nos detenemos de
nuevo, volvemos a cambiar de dirección y así sucesivamente. Y en definitiva no
llegamos a ningún lado. Cuando conoces tu propósito, desde que te levantas en
la mañana puedes concentrar tus esfuerzos en agradar y servir a tu Padre
celestial, imitando de esta manera a Jesucristo quien "no vino para ser
servido, sino para servir." (Mateo 20:28).
3. Aumentará la motivación de tu vida. Una vida sin propósito es una vida sin motivación ni
esperanza. En el Salmo 91:2 David declara quién es su esperanza: “Diré yo a
Jehová: Esperanza mía y castillo mío; mi Dios en quien confiaré.” Y el Salmo
34:5 dice que “los que miran al Señor quedan radiantes de alegría y jamás se
verán defraudados.”
4. Te preparará para la eternidad. Está establecido por Dios que “los hombres mueran una
sola vez, y después de esto el juicio.” (Hebreos 9:27). En Mateo capítulo 25
Jesús se refiere a este juicio, en el cual él dividirá a la humanidad en dos
grupos y pondrá a sus ovejas (aquellos que fueron obedientes a su voz) a la
derecha, y a todos los demás, es decir los cabritos, a la izquierda. Y allí
dice (refiriéndose a los de su izquierda): “Estos irán al castigo eterno, y los
justos a la vida eterna.” (v.46). He aquí la enorme diferencia entre los que
nunca lograron entender el plan de Dios en sus vidas y los que tuvieron un
propósito definido y lo siguieron obedientemente.
Lee la Biblia diariamente y pasa tiempo en
oración buscando una comunión con tu Padre celestial. Así conocerás el
propósito de Dios en tu vida, y podrás entender que la vida terrenal es la
oportunidad que él nos ha dado para prepararnos de manera que podamos disfrutar
de sus bendiciones por toda la eternidad.
ORACIÓN. Padre
celestial, gracias por esta enseñanza que proviene de tu corazón. Ayúdame a
aplicarla en mi vida para que pueda sacar el máximo de provecho al tiempo que
tú me has concedido en este mundo y así prepararme para pasar la eternidad
junto a ti. En el nombre de Jesús, Amén.
ENRIQUE
SANZ – (DEVOCIONAL DIARIO “DIOS TE HABLA”)


