“¿No es más bien el ayuno que yo escogí […]
dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo?” Isaías 58:6 (Leer
Isaías 58:6-9)
Un familiar necesitaba ayuda para pagar la
renta de diciembre. La petición le pareció una carga a la familia; en especial,
por los gastos inesperados de fin de año. Pero recurrieron a sus ahorros,
agradecidos por la provisión de Dios, y bendecidos por la gratitud de su
pariente, quien les dio una tarjeta llena de palabras de agradecimiento: «Aquí
están una vez más […] haciendo cosas buenas; tal vez pensando que no fue gran
cosa».
Sin embargo, para Dios, ayudar a otros es una
gran cosa. Cuando los israelitas ayunaban, pero seguían discutiendo y
peleándose, Isaías les explicó que para Dios, el ayuno era «desatar las
ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión»; y los instó: «que partas
tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando
veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de [ayudar a] tu hermano» (Isaías
58:6-7).
Además, Isaías señaló que tales sacrificios no solo
reflejan la luz de Dios, sino que
también sanan a los quebrantados (v. 8). Al ayudar a un familiar, buscaban
maneras de administrarse mejor durante el año. Y esta es la promesa de Dios
para los generosos: «irá tu justicia delante de ti, y la gloria del Señor será
tu retaguardia» (v. 8). Dios nos dejó el ejemplo al dar por amor todo lo que
tenía.
Señor, ayúdanos a dar como tú lo hiciste: con
generosidad.
Dios dio todo de sí. Sigamos su ejemplo y su
guía.
(La Biblia en un año: Éxodo 9–11
— Mateo 15:21-39)


