domingo, 27 de enero de 2019

¿Quieres sentir la verdadera paz? 27 enero





 “Y entrando él en la barca, sus discípulos le siguieron. Y he aquí que se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca; pero él dormía. Y vinieron sus discípulos y le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos! El les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza. Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?” Mateo 8:23-27


Un oficial de un submarino nuclear de la armada norteamericana contó una experiencia que tuvo un día mientras su nave se hallaba patrullando por el Mediterráneo. Él era el oficial de servicio, y tenía a su cargo dar las órdenes para cualquier cambio en la posición de la nave. Allá arriba, en la superficie, iban y venían muchos barcos, y el submarino tenía que hacer muchas maniobras bruscas para evitar posibles colisiones, por lo que estaba siendo sacudido de un lado a otro constantemente. De momento el capitán, que había estado descansando en su camarote, apareció en el puente y preguntó: “¿Está todo bien?” “Si señor”, respondió el oficial. El capitán echo un rápido vistazo a su alrededor y expresó: “Sí, ya veo que todo está bien.” A aquel submarino lo acechaba un potencial riesgo de colisión y devastación por todas partes, no obstante entre ellos "todo estaba bien". En la parte más interna de la nave había un lugar tranquilo desde donde se podía controlar su destino totalmente. En aquel centro de mando no podía detectarse ni un ápice de pánico; solo se veía un grupo de marineros muy adiestrados que ejecutaban la tranquila y deliberada serie de acciones que formaban parte de su trabajo. El submarino podía afrontar las turbulentas circunstancias externas porque todo estaba bien en el puente de mando.

Uno de los mayores anhelos del ser humano es sentir paz en su vida. Sin embargo, no resulta fácil lograr este objetivo porque el afán, la ansiedad, el estrés, las preocupaciones diarias, los problemas de esta complicada vida son, generalmente, obstáculos imposibles de echar a un lado. Al igual que en el submarino, sólo podremos sentir esa paz interior en nuestras vidas, esa tranquilidad espiritual y mental capaz de manifestarse aun en situaciones y circunstancias adversas, cuando todo esté bien en nuestro “puente de mando”. Y la única manera de que todo marche bien allí es permitir al Señor Jesucristo ser el “oficial de servicio”.

En el pasaje de hoy, la Biblia nos narra que mientras Jesús y sus discípulos navegaban en una barca, “se levantó una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca.” Aquellos hombres, que habían pescado durante años en aquel mismo mar, se sintieron aterrorizados y perdieron la serenidad, y no fueron capaces de manejar la situación. Lo único que atinaron a hacer fue correr donde Jesús dormía, y despertarlo clamando a él para que los salvara. Después que Jesús hubo calmado la tempestad, les hizo una pregunta esencial para el crecimiento espiritual de los discípulos, y que, sin duda, es una gran enseñanza para nosotros: “¿Por qué teméis, hombres de poca fe?”

¿Te encuentras hoy en medio de una situación en la que te parece que “tu barca” se está hundiendo? ¿La tormenta que te rodea no te permite sentir esa paz interna que tanto anhelas? Acude al único que puede ayudarte: el Señor Jesucristo. Él tiene el poder para calmar esos “vientos” que te están afectando, y que se haga “grande bonanza” en tu vida. Jesús dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.” (Juan 14:27). La paz que el Señor ofrece no es como la que se encuentra en el mundo. Es una paz profunda, inalterable, que no es afectada por las circunstancias externas; es la paz que “sobrepasa todo entendimiento.” (Filipenses 4:7).

¿Quieres tú sentir esa paz? Profundiza en tu relación con el Señor. Envuélvete en el Espíritu de Dios. Pasa más tiempo orando y leyendo la Biblia, escudríñala, medita en ella. Pide al Señor que te llene de su santa presencia y experimentarás la verdadera y maravillosa paz que solamente Dios puede dar.


ORACIÓN: Padre santo, te ruego me ayudes a confiar en ti de todo corazón cuando las circunstancias a mi alrededor se vuelvan difíciles, para poder disfrutar de esa paz que sobrepasa todo entendimiento. En el nombre de Jesús, Amén.



ENRIQUE SANZ – (DEVOCIONAL DIARIO “DIOS TE HABLA”)









TRADUCCIÓN