“(Jesús dijo:) Mis ovejas oyen mi voz, y
yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna.” Juan 10:27-28
“Yo buscaré la perdida, y haré volver al
redil la descarriada; vendaré la perniquebrada, y fortaleceré la débil.”
Ezequiel 34:16
(Leer 1 Samuel 21 – Mateo 17 – Salmo
17:10-15 – Prov. 5:15-20)
Delante de
nosotros, un inmenso rebaño de ovejas atravesaba el valle. El pastor caminaba
tranquilamente mientras su perro, bien adiestrado, pasaba de un lado a otro
para reunir a los animales dispersados. Estábamos fascinados por sus
intervenciones perseverantes y valientes. Entonces mi padre, siempre presto a
enseñarnos algo, me preguntó:
– Henri, si
tuvieras que conformar un pequeño rebaño, ¿cómo escogerías las ovejas?
– Yo eliminaría
las cojas, luego las débiles y las que tienen tendencia a extraviarse, por
último miraría la calidad de su lana.
– Haciendo así
obtendrías un buen rebaño. Pero Jesús forma un rebaño todavía mejor: invita a
todos los hombres, particularmente a los débiles, a los que están cargados,
cansados, heridos por la vida, pobres, menospreciados. A los que acuden a él y ponen su confianza en él, los atiende. Los ama
tal como son y les comunica su propia vida.
Esta es la
Iglesia del Señor, compuesta por los que han reconocido su debilidad y su
culpabilidad ante Dios, y han creído en el Señor Jesucristo. Entonces han
recibido una nobleza divina, son hijos de Dios. Están unidos entre sí
eternamente por un mismo Espíritu, por un mismo amor. Tienen un solo jefe,
Jesucristo, quien dijo: “Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las
mías me conocen, así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi
vida por las ovejas” (Juan 10:14-15).
EDICIONES BÍBLICAS – (DEVOCIONAL “LA BUENA SEMILLA”)


