“Y
he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes,
y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y
tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. Y tras el
terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado.
Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la
puerta de la cueva. Y he aquí vino a él una voz, diciendo: ¿Qué haces aquí,
Elías?” 1 Reyes 19:11-13
Poco tiempo antes de este pasaje Elías había
matado a espada a todos los profetas de Baal. (1 Reyes 18:20-40). Entonces
recibió amenazas de muerte de parte de Jezabel, mujer del rey Acab. Temiendo
por su vida Elías huyó y se escondió en una cueva. El pasaje de hoy nos cuenta
que allí Elías oyó el ruido del intenso viento, después sintió el poder del
terremoto y tras el terremoto presenció el ardiente fuego, pero no oyó la voz de
Dios. Entonces se escuchó “un silbo apacible y delicado.” Y cuando Elías lo oyó
salió, "y se puso a la puerta de la cueva." Fue entonces que escuchó
la voz del Señor, el cual le dio instrucciones claras de lo que tenía que
hacer.
El libro Cantar de los Cantares describe la
pasión de dos amantes que buscan comprenderse entre sí y profundizar su amor.
En el capítulo 5 versículo 2, la novia dice: “Yo dormía, pero mi corazón
velaba. Es la voz de mi amado que llama: Ábreme, amada mía...” De manera
similar nuestro amante Padre celestial está siempre hablando, llamando y
anhelando entrar en nuestros corazones. Sin embargo nuestros intranquilos
corazones se inclinan a buscar otros "amantes". Sin duda son muchas
las voces que llegan a nuestras mentes. ¿Alguna vez has escuchado esas voces
interiores? ¿Te ha resultado fácil identificar la voz de tu Padre? Es muy
posible que no.
En Juan capítulo 10 la Biblia habla de los pastores de
ovejas de aquellos tiempos y su relación con sus ovejas. Dice el v. 4 que cuando el pastor ha sacado sus ovejas
del corral, “va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su
voz.” ¿Y por qué razón conocen su voz? Porque adquirieron el hábito de
escucharlo por medio de la práctica diaria durante toda su vida. Y dice el v. 5:
“Mas al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los
extraños.” Más adelante Jesús dice: “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su
vida da por las ovejas.” Y finaliza con esta declaración: “Mis ovejas oyen mi
voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán
jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.” (vv. 27-28).
El Salmo 46:10 nos dice: “Estad quietos y
conoced que yo soy Dios.” No podemos conocer a nuestro Dios sin antes cerrar la
puerta al ruido y las distracciones de este mundo y buscar la quietud y la
tranquilidad. No escucharemos la voz del Señor hasta que ignoremos todas las
otras voces y nos concentremos en tratar de aguzar nuestro oído espiritual. Es
imprescindible separar un tiempo diariamente en el que podamos aislarnos del
bullicio y la constante inquietud del mundo y entregarnos por completo a buscar
el rostro del Señor y tratar de escuchar lo que nos está diciendo. A través de esta práctica diaria llegará un
momento en que nos resultará fácil identificar la voz de Dios.
En Apocalipsis 3:20 el Señor hace una
invitación a su iglesia: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye
mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.” En
aquellos tiempos el desayuno y el almuerzo se tomaban de manera similar a los
tiempos actuales. Cada miembro del hogar desayunaba un poco a la carrera a
medida que iba saliendo para el trabajo. El almuerzo lo tomaban en cualquier
lugar donde se encontraban a esa hora. Pero la cena era algo muy distinto.
Todos juntos se sentaban a la mesa y como no había televisión, ni cine, ni
otras actividades nocturnas aquel era el momento en que la familia podía
sentarse a compartir y conversar acerca de las actividades del día,
tranquilamente, sin apuros. Era un rato de verdadera comunión. Ahora Jesús nos
invita a disfrutar de esa linda comunión con él. Para ello es necesario primero
oír su voz y entonces responder abriendo la puerta del corazón.
ORACIÓN. Padre
amado, te ruego afines mi oído espiritual para que yo pueda reconocer tu voz
cuando me hablas y así conocer tu voluntad en mi vida. Y ayúdame a responder de
manera que pueda vivir en íntima comunión contigo. En el nombre de Jesús, Amén.
ENRIQUE
SANZ – (DEVOCIONAL DIARIO “DIOS TE HABLA”)


