“Si yo hablara lenguas humanas y
angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal resonante, o címbalo
retumbante.” 1ª Corintios 13:1
Así da inicio
al famoso capítulo de amor el apóstol Pablo en el Nuevo Testamento: "Si yo
hablara lenguas humanas y angélicas...". Esto ciertamente sería una
aspiración de Pablo: hablar con gran elocuencia y delicadeza al proclamar el
Evangelio de Jesús. El pensamiento aquí es que, aún si el mensaje de Pablo
fuera transmitido en las lenguas de los ángeles pero sus actos de amor fueran
inexistentes, entonces sus palabras serían mero clamor y ruido.
¡Qué profundo
es esto! Para alguien educado en las Escrituras hebreas y en la tradición
rabínica como lo fue Pablo, el hablar con autoridad, desmantelar los mitos de
la tradición griega y esclarecer profundas verdades del Antiguo Testamento
sobre profecías cumplidas en la Persona y obra de Jesús, el poder hablar con la
fuerza y el poder convincente de un ángel serían un regalo supremo del cielo.
Pero esto no
era lo que Pablo tenía en mente al involucrar a sus hermanos corintios.
"Así que,
hermanos, cuando fui a ustedes para anunciarles el testimonio de Dios, no lo
hice con palabras elocuentes ni sabias. Más bien, al estar entre ustedes me
propuse no saber de ninguna otra cosa, sino de Jesucristo, y de éste
crucificado. Estuve entre ustedes con tanta debilidad, que temblaba yo de
miedo. Ni mi palabra ni mi predicación se basaron en palabras persuasivas de
sabiduría humana, sino en la demostración del Espíritu y del poder, para que la
fe de ustedes no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder
de Dios." (1ª Corintios 2:1-5)
Mientras Pablo
viajaba miles de millas por el Mediterráneo hablando con personas e iglesias
acerca de la redención encontrada en Jesús, tenía en claro que el amor debía
gobernar; el amor debía ser la regla. Sin él, todo lo demás eran solo palabras,
sin importar cuán finamente adornadas estuvieran.
En esto hay una
lección para nosotros hoy. En realidad, hay una gran esperanza para nosotros
hoy. Cada vez que tomamos tiempo para estudiar y reflexionar sobre la Palabra
de Dios, somos ricamente bendecidos. Podemos encontrar, sin embargo, que
traducir este conocimiento a la vida real puede ser difícil. Dios nos habla en
su Palabra y encontramos fuerza en eso. Pero podemos encontrar que esa fuerza
se desvanece cuando nos encontramos con una oportunidad real de dar testimonio
de nuestra fe.
Ese sería un
buen momento para permitir que intervenga el amor. No estamos llamados a tener
todas las respuestas correctas ni a conocer cada cita de las Escrituras, pero
sí estamos llamados a amar. El amor se expresa cuando estamos disponibles para
los demás aun cuando es inconveniente o costoso, o nos lleva mucho tiempo. Esa
clase de compromiso con otro ser humano puede tener más impacto en la imagen
que vean de Cristo en ti, que tus argumentos persuasivos y referencias
bíblicas.
Ciertamente,
debemos ser cada vez más capaces de manejar la Palabra de Dios (ver 2ª Timoteo
2:15), pero también debemos ser sensibles a vivir su Palabra en nuestra vida.
Como dice Pablo: "... me propuse no saber de ninguna otra cosa, sino de
Jesucristo, y de éste crucificado" (1ª Corintios 2:2).
"Jesucristo,
y de éste crucificado" –el
mayor ejemplo de amor.
ORACIÓN. Querido Padre Celestial, por tu Santo
Espíritu enséñanos a amar de tal manera que nuestras palabras y nuestro
testimonio coincidan. En el nombre de Jesús. Amén.
Paul Schreiber
PARA EL CAMINO – (DEVOCIONAL “ALIMENTO DIARIO”)


