“[Jesús] dijo a sus discípulos: A la
verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la
mies, que envíe obreros a su mies.” Mateo 9:37-38
Jesús declaró:
“Los campos están blancos y la cosecha abundante y es hora de comenzar a
cosechar”. En ese momento, comenzó la gran cosecha espiritual final y esta
misma cosecha durará hasta que Cristo regrese.
Entonces, ¿qué
vio Jesús en su tiempo? ¿Vio un despertar espiritual en Israel? ¿Hubo
avivamiento en las sinagogas? ¿Volvían los sacerdotes a Dios? Los evangelios
revelan muy poca evidencia de cualquier mover espiritual hacia Dios; en todo
caso, muestran lo contrario. Sin embargo, en aquel mismo momento, Cristo
declaró que los campos estaban listos.
¿Crees que las
palabras de Jesús con respecto a una cosecha madura se aplican hoy? ¿Se están
arrepintiendo las naciones? ¿Hay una gran inquietud en nuestra sociedad? ¿Hay
algún clamor por santidad en esta generación?
Con pocas
excepciones, tales cosas no están sucediendo. Cuando los discípulos de Jesús
quisieron saber la condición de las cosas a medida que se acercaban los últimos
días, él respondió hablando de hambres, terremotos, tribulaciones, naciones divididas,
falsos profetas. “En la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del
bramido del mar y de las olas; desfalleciendo los hombres por el temor” (Lucas
21:25-26). En resumen, Jesús está
describiendo aquí a la generación más ansiosa, deprimida y estresada de todos
los tiempos.
En medio de
toda esta agitación y confusión, Jesús le está diciendo a su iglesia: “La gente
está lista para oír. Ahora es el momento de creer en dicha cosecha”. Cristo es
el Señor de la cosecha y si él declara que la cosecha está lista, debemos
creerlo. No importa cuán malvada se vuelva esta generación o cuán poderoso
parezca haberse vuelto Satanás, nuestro Señor nos está diciendo: “¡Alza tus
ojos a la mies!”
Jesús está
buscando obreros que hayan soportado incendios y hayan sido tratados, un pueblo
que se parará ante el mundo y proclamará: “¡Dios está conmigo! Soy más que un
vencedor por medio de Cristo que vive en mí. Soy una prueba viviente de que
Jesús es totalmente suficiente”.
DAVID WILKERSON – (DEVOCIONAL DIARIO “ORACIONES”)


