El espíritu de
desánimo es el arma más poderosa de Satanás contra los elegidos de Dios. Muy a
menudo, él lo usa para convencernos de que hemos traído la ira de Dios sobre
nosotros mismos al no estar a la altura de sus estándares sagrados. Pero el
apóstol Pablo nos insta a no caer en la trampa del diablo: “Para que Satanás no gane ventaja alguna sobre
nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones” (2ª Corintios 2:11).
Pablo dice:
"Debes ver tu desánimo como verdaderamente es, un arma demoníaca, una
flecha que Satanás te dispara para hacerte dudar de ti mismo. Él sabe que no
puede tentarte para que te apartes de Jesús, por lo que te inunda con mentiras
perversas para hacerte pensar que nunca serás lo suficientemente bueno para
servir a Cristo".
El espíritu del
rey David fue traído abajo por debilidad, quebrantamiento, lamento, una
sensación de inquietud. Él se sentía seco y vacío, sin dirección: "Mi
corazón está acongojado, me ha dejado mi vigor, y aun la luz de mis ojos me
falta ya" (Salmos 38:10). David está diciendo: "Mi visión y
revelación del Señor me han dejado y no puedo alcanzar a Dios como alguna vez
lo hice".
Yo
personalmente sé cómo se sintió David. He recibido muchas bendiciones
abundantes a través de mi ministerio, pero muchas veces, días después de
grandes eventos, me he sentido abrumado por el desaliento. Somos objeto de los
poderes del infierno en momentos de nuestra mayor victoria espiritual.
Hay muchas biografías de hombres y mujeres devotos
a quienes el Señor usó poderosamente; y cada uno de ellos luchó con el
desánimo paralizante. Por ejemplo, el gran predicador británico C.H. Spurgeon
condujo multitudes a Cristo a través de sus sermones poderosos, pero sufría
horrendos ataques de melancolía.
Lo primero que
el Espíritu Santo hace en momentos así, es traer a tu memoria todas las
preciosas promesas de Jesús. Él inundará tu alma con esas promesas y tu
espíritu se elevará dentro de ti. ¡La obra del Espíritu Santo es deshacer las
mentiras del enemigo y darte aliento desde lo alto! ¡Debes estar seguro de que
todos los que esperan en el Señor recibirán sus gloriosas promesas!
DAVID WILKERSON – (DEVOCIONAL DIARIO “ORACIONES”)


