“Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde
vendrá mi socorro?” Salmo 121:1 (Leer Salmo 121)
¿Qué determina la dirección de nuestra vida?
Una vez, escuché una respuesta a esta pregunta en un lugar inesperado: un curso
de entrenamiento de motocicletas. Con unos amigos, tomamos clases para aprender
a conducir motos. Parte del entrenamiento se trataba de «fijar un objetivo».
«Ocasionalmente —dijo nuestro instructor—,
enfrentarán un obstáculo inesperado. Si lo miran fijo, irán directamente hacia
él. Pero si miran por encima o al lugar donde tienen que ir, seguro que lo
evadirán». Y agregó: «Aquello que miren es la dirección en que irán».
Este simple pero profundo principio se aplica
también a nuestra vida espiritual. Si nuestro «objetivo fijo» son nuestros
problemas y luchas, casi automáticamente orientaremos nuestra vida en torno a
ellos.
En cambio, la Escritura nos insta a pasarlos por alto y
mirar a Aquel que puede ayudarnos a enfrentarlos. El Salmo 121:1 declara: «Alzaré mis ojos a los montes;
¿de dónde vendrá mi socorro?». Y luego responde: «Mi socorro viene del Señor,
que hizo los cielos y la tierra. […] El Señor guardará tu salida y tu entrada
desde ahora y para siempre» (vv. 2, 8).
A veces, los obstáculos parecen insuperables,
pero Dios nos invita a mirarlo a Él para que nos ayude a tener la perspectiva
correcta.
Señor, ayúdame a fijar mis ojos en ti a lo
largo del camino.
«Nuestro socorro está en el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra». Salmo 124:8
(La Biblia en un año: Génesis 49–50
— Mateo 13:31-58)


