“... le rogaron al escriba Esdras que
llevara el libro de la ley de Moisés, que el Señor le había dado al pueblo de
Israel. Y es que la lectura de la ley se hacía con mucha claridad, y se
recalcaba todo el sentido, de modo que el pueblo pudiera entender lo que
escuchaba... Como todo el pueblo lloraba al escuchar las palabras de la ley, el
gobernador Nehemías, el sacerdote y escriba Esdras, y los levitas que
explicaban al pueblo el sentido de la ley, dijeron: ‘Este día está consagrado
al Señor, nuestro Dios. No hay razón para que lloren y se pongan tristes.’ También dijeron: ‘Vayan
y coman bien, y tomen un buen vino, pero compartan todo con los que nada
tienen. Éste día está consagrado a nuestro Señor, así que no estén tristes. El
gozo del Señor es nuestra fuerza.’” Nehemías 8:1, 8-10
Debo admitir
que hay algunas partes de la Biblia que no me gusta leer o escuchar en la
iglesia. Chocante, ¿no es cierto? Pero cada vez que las leo, me hacen sentir
culpable. Reconozco todos mis pecados y culpa, y ese no es un sentimiento para
nada agradable.
Las personas en
el pasaje de arriba están casi en el mismo bote. Se trata de los israelitas que
habían regresado del exilio. Ellos sabían bien su propia historia: cómo el
pueblo de Israel tenía la Ley de Dios pero había desobedecido tan a menudo y
tan obstinadamente, que finalmente Dios permitió que sus enemigos los vencieran
y se los llevaran prisioneros a una tierra extraña en la cual vivieron durante
70 años. Ahora que finalmente están de regreso en su propia tierra, están tratando
de reconstruir. Pero no es fácil.
Solo imagina lo
que es estar en una ciudad que ha sido destruida al punto que parece que
hubiera sido bombardeada. El templo había sido quemado; la muralla de la ciudad
había sido derribada. Había montones de piedras apiladas por todas partes, al
igual que madera quemada. Las casas necesitaban muchos arreglos para volver a
ser seguras y evitar que entrara la lluvia. Y todo eso era el resultado de
quebrar las leyes de Dios. ¡No es de extrañar, entonces, que las personas
lloraran al escuchar las palabras de la Ley de Dios!
Pero sus
líderes, Nehemías y Esdras, los detienen diciéndoles: "No lloren. Vayan a
casa; coman bien y beban vino dulce. Sean felices y celebren; el gozo del Señor
es nuestra fortaleza."
¿A qué se referían
con eso? Simplemente, a que no debemos quedarnos en el arrepentimiento. Sí, es
cierto que debemos lamentarnos cuando pecamos. Pero luego debemos tomar el
siguiente paso, que es recibir la misericordia de Dios. Necesitamos reconocer
que, a través de nuestro salvador Jesucristo, Dios ha perdonado todos nuestros
pecados y nos ha reconciliado consigo mismo. Ya no somos enemigos de Dios.
Jesús ha llevado nuestros pecados a su cruz. Ya no estamos muertos en nuestros
pecados; estamos vivos para Dios en nuestro Señor Jesús resucitado. Está bien
que celebremos y seamos felices, pues Dios nos ha dado paz y gozo con Él para
siempre.
ORACIÓN. Querido Señor, ayúdame a confiar en tu perdón
y a ser feliz en tu amor. Amén.
Dra. Kari Vo
PARA EL CAMINO – (DEVOCIONAL “ALIMENTO DIARIO”)


