EBED-MELEC: UNA INSPIRACIÓN EN
TIEMPOS DE CRISIS
El escenario es Jerusalén hace unos 2600 años. El ejército caldeo se
encuentra estacionado fuera de los muros de la ciudad. El profeta Jeremías
camina por la ciudad explicando que Jerusalén pronto será destruida y
aconsejando al rey Sedequías, a los oficiales y al pueblo que se rindan. El
pueblo sentía temor, estaba enfermo y tenía hambre. Era evidente que el fin se
acercaba, pero la clase gobernante negaba esta nueva realidad. A estas personas
les preocupaba más el mantenerse en control que en someterse a la voz de Dios
por medio de Jeremías. “Y dijeron los príncipes al rey: 'Muera ahora este
hombre; porque de esta manera hace desmayar las manos de los hombres de guerra que
han quedado en esta ciudad, y las manos de todo el pueblo, hablándoles tales
palabras; porque este hombre no busca la paz del pueblo, sino el mal'”. En
aquellos días tan tensos que culminaron en la caída de Jerusalén, había un
esclavo africano llamado Ebed-Melec que servía en el palacio real (Jeremías
38:4, 7). Poco antes de que los caldeos invadieran, el Dios Todopoderoso le
envía un mensaje personal a este insignificante extranjero: “Ciertamente te
libraré, y no caerás a espada, sino que tu vida te será por botín” (Jeremías
39:18). Pero, ¿por qué un tratamiento especial para Ebed-Melec?
¿En qué se diferenciaba de las otras
personas en Jerusalén?
1. EBED-MELEC – UN HOMBRE COMPASIVO
CON UNA VISIÓN AMPLIA
La palabra hebrea “Ebed” significa “sirviente”, y la palabra “Melec”
quiere decir “un rey”. Este eunuco etíope es mencionado por nombre 6 veces en
las Sagradas Escrituras. Todo lo que sabemos de él se encuentra en Jeremías
capítulos 38 y 39.
La primera vez que se le menciona, sólo se nos dice que escuchó que los
oficiales del rey “habían puesto a Jeremías en la cisterna” (38:7). Debido al
mensaje poco popular de Jeremías y la crisis vivida en Jerusalén, es fácil
entender por qué los líderes quisieran silenciar al profeta Jeremías.
Pero, ¿por qué querría Ebed-Melec involucrarse en este asunto? Lo que
pasara o no con Jeremías no era su responsabilidad. Cuando no queremos hacer
algo, es fácil encontrar muchas buenas razones para justificar nuestra
pasividad. ¿No le corresponde al Señor el defender a sus siervos? Es posible que el Señor esté puliendo el carácter de Jeremías a través de estas pruebas. Como todo ser humano, Jeremías también debe morir algún día, ¿por qué no esta semana? Después
de todo, ¡nadie es indispensable en la obra del Señor! Pero Ebed-Melec había
cultivado un corazón compasivo. Su corazón sensible no le permitía ser
indiferente. ¡Es tan fácil ocupar todo nuestro tiempo con nuestros propios
asuntos y problemas! Mi estudio, mi trabajo, mi casa, mi iglesia, mi comodidad,
mi futuro. Si vamos a ser útiles al Señor en una esfera más amplia, también
necesitamos cultivar un corazón compasivo, un corazón que nos impulsa a
escuchar, a ver y a sentir las necesidades que se encuentran más allá de
nuestras responsabilidades normales.
2. EBED-MELEC – UN HOMBRE RECTO
SINTONIZADO CON DIOS
La cisterna era profunda. A Jeremías se le dificultaba moverse en ese
pantano espeso y liso al fondo de la cisterna. Le sería casi imposible
encontrar descanso. Estaba mojado, cansado y con hambre. ¿Qué debería hacer un
profeta en tales circunstancias? ¿Alguna vez ha sentido usted el desespero en
medio de algún problema? En el libro de Lamentaciones, Jeremías describe, en un
lenguaje poético, tal vez esta situación o una muy similar: “Invoqué tu nombre,
oh Jehová, desde la cárcel profunda... Te acercaste el día que te invoqué;
dijiste: No temas” (3:52-57).
Después de acercarse a Jeremías en su angustia, el Señor se dispone a liberarle. Si permitió que Pedro caminara sobre el agua, ¡el Señor también podría hacer que Jeremías caminara sobre el pantano! Si Elías fue arrebatado en el aire, el Señor también podría hacer que Jeremías saliera volando del pozo. Pero como de costumbre, el Señor prefiere actuar por medio de aquellos instrumentos humanos que se disponen a servirle. ¿Habría alguien en Jerusalén que aun buscara escuchar Su voz? ¿Quién estaba dispuesto a ser usado por el Señor?
Después de acercarse a Jeremías en su angustia, el Señor se dispone a liberarle. Si permitió que Pedro caminara sobre el agua, ¡el Señor también podría hacer que Jeremías caminara sobre el pantano! Si Elías fue arrebatado en el aire, el Señor también podría hacer que Jeremías saliera volando del pozo. Pero como de costumbre, el Señor prefiere actuar por medio de aquellos instrumentos humanos que se disponen a servirle. ¿Habría alguien en Jerusalén que aun buscara escuchar Su voz? ¿Quién estaba dispuesto a ser usado por el Señor?
Sedequías, rey de Judá, podría haber sido ese instrumento ideal en las
manos del Señor. Tenía 32 años, de los cuales llevaba 12 como rey. Tenía una
posición privilegiada de autoridad que le permitía ser efectivo. Pero Sedequías
era débil moralmente. Después de tantos años negociando arreglos políticos,
ahora le era difícil diferenciar entre lo bueno y lo malo. Su prioridad era el
mantener contentos a sus oficiales (38:4-5). Como líderes cristianos, también
podemos ser más diestros en conocer la opinión y los deseos de nuestro equipo o
congregación que el discernir la mente de Cristo. ¿No había nadie en sintonía
con Dios? ¿Nadie que buscara escuchar Su voz? Ebed-Melec era un hombre de
convicciones morales claras y firmes.
Había escuchado algunas predicaciones de
Jeremías y reconoció que lo que le habían hecho a Jeremías era “malo”. Preparó
su corazón para hacer algo al respecto. ¿Cómo reacciona usted cuando siente que
algo es incorrecto? Es muy fácil mirar para otro lado. Nos quejamos diciendo: “Alguien debería hacer algo al respecto”. Comenzamos a justificar lo malo al
pensar “tal vez no sea tan malo”. La madurez moral es el fruto del uso y
ejercicio de los sentidos espirituales (Hebreos 5:14). Aún hoy en día, el Señor
busca hombres y mujeres rectos dispuestos a involucrarse para corregir lo
deficiente. ¿Puede el Señor contar con usted?
3. EBED-MELEC – UN HOMBRE VALIENTE
QUE ROMPIÓ EL SILENCIO
Ebed-Melec dejó el palacio, buscó al rey y le dijo: “Mi Señor el rey,
mal hicieron estos varones en todo lo que han hecho con el profeta", Jeremías
(38:8,9). Estas son unas palabras valientes, considerando que provenían de un
esclavo dirigiéndose a su amo. A los reyes no les gusta ser corregidos, mucho
menos en asuntos de moralidad. Sin embargo, en lo profundo de su corazón, el
rey Sedequías sabía que Ebed-Melec tenía razón. De inmediato le dio a
Ebed-Melec 30 hombres para “sacar al profeta Jeremías de la cisterna, antes que
muera” (38:10). Es muy posible que otras personas en Jerusalén sabían que
Jeremías era maltratado y seguramente les incomodaba esto involucrarse. ¡Se
unieron al silencio!
Cuando uno es el primero en romper el silencio, resulta involucrado en
el problema. Tal vez le hagan a uno lo mismo que al que uno quiere defender.
Algunos pondrán en tela de juicio su lealtad a la causa. Se requiere de valor
para romper un silencio. Se requiere convicción para pararse firme contra la
corriente.Quizá usted haya notado algunas cosas que requieren corrección: mundanalidad introduciéndose disimuladamente en su hogar; un procedimiento
moralmente incorrecto que se está volviendo normal en su negocio; una decisión
o una práctica que va contra las Sagradas Escrituras pero que se está aceptando
en su asamblea cristiana. Es de notar que Ebed-Melec no comenzó una revolución
para derrocar al rey o a sus oficiales. Utilizó los canales correctos. Pero fue
usado por Dios para cambiar el parecer del rey. Expuso sus argumentos con calma
antes de actuar. Muchos proyectos moralmente buenos, sanos y positivos se han
visto dañados seriamente por culpa de malos procedimientos. El Señor nos ha
llamado a hacer Su obra, pero debemos hacerla a Su manera.
4. EBED-MELEC – UN HOMBRE
CONSECUENTE QUE SE ENSUCIÓ LAS MANOS
Se necesita una buena visión y un oído atento para entender un problema.
Se necesita un corazón amplio y compasivo para identificarse con el problema.
Se necesita convicción y valor para denunciar el problema. Pero Ebed-Melec
quedó satisfecho con sólo ideas, palabras y acuerdos. Tomó consigo hombres,
algunos trapos viejos y cuerdas, y “de este modo sacaron a Jeremías con sogas,
y lo subieron de la cisterna” (38:11-13). Participó personalmente, se ensució
las manos junto con los otros sacando a Jeremías de la cisterna. Cuando el
Señor pone un sentir fuerte en nuestros corazones, es porque desea que
actuemos. No basta con sentir y hablar. Si el Señor pone en su corazón interés
por la condición espiritual de un amigo o un familiar, esa carga sólo será
removida cuando usted le ponga manos a la obra. Ore. Escríbale un correo
electrónico o regálele una tarjeta. Envíele música o libros con mensaje
cristiano. Invítelo a una actividad cristiana. Busque y aproveche las
oportunidades. El Señor permitió que Sus discípulos vieran las necesidades en los
campos de cosecha. Después les mandó que oraran: “Rogad, pues, al Señor de la
mies, que envíe obreros a su mies”. Luego Jesús envía a los doce a hacer algo en
esa mies (Mateo 9:35–10:16). En Ebed-Melec vemos una relación consecuente entre
su corazón y sus manos, entre preocupación y una solución práctica, entre sus palabras
y sus acciones.
5. EBED-MELEC – UN HOMBRE CALMADO
QUE DECIDIÓ CONFIAR EN DIOS
Después de que Jeremías salió de la cisterna, la atención se centró
nuevamente en la crisis global: la invasión inminente de Jerusalén. Tanto el
rey Sedequías como Ebed-Melec tenían temor del ejército brutal que acampaba a
las afueras de las murallas de la ciudad. Quizá Ebed-Melec también temía lo que
los oficiales del rey pudieran hacerle en venganza por ayudar a Jeremías. El
rey Sedequías llamó a Jeremías en privado y le pidió un mensaje de parte del
Señor. El mensaje de Jeremías no había cambiado: “Si te entregas en seguida a
los príncipes del rey de Babilonia, tu alma vivirá, y esta ciudad no será
puesta a fuego” (38:17). Al considerar la posibilidad de obedecer, Sedequías
quedó paralizado por temor. ¿Qué temía? “Tengo temor de los judíos que se han
pasado a los caldeos” (38:19). ¿Por qué les temía? Porque Sedequías y sus
oficiales maltrataron a los que trataron de rendirse. Los llamaban desertores,
traidores. Fueron arrestados y azotados (37:13-15). Sedequías sabía que estaba
en una posición difícil: al rendirse a los babilonios, estaría haciendo
justamente lo que antes había condenado. ¿Alguna vez se ha visto usted en una
situación similar? ¿Ha sido usted capaz de reconocer y admitir que ha obrado
mal? Errores públicos requieren de una confesión pública.
Jerusalén cayó. Los babilonios quemaron la ciudad. Los hijos de
Sedequías fueron matados delante suyo y él fue encadenado; le sacaron los ojos
y sufrió una muerte lenta en exilio. Sedequías pagó un precio alto por resistir
las instrucciones de Dios por medio de Jeremías. Aquí podemos ver un ejemplo
claro de los tristes efectos de la falta de humildad en el liderazgo, ya sea en
el hogar o en la iglesia. Si no tenemos disposición de escuchar la voz de Dios
y de corregir nuestro comportamiento, perderemos nuestros “ojos” – la capacidad
ver el camino que muestra el Señor. Quedaremos “encadenados” y limitados a
tradiciones y procedimientos malsanos. Dejaremos de inspirar a nuestros hijos –
perderemos a la próxima generación. Produciremos dolor a otros. Eventualmente
moriremos – pero muy lejos del lugar que el Señor tenía para nosotros. ¿Y qué
le pasó a Ebed-Melec? Gozaba de paz interior. “En aquel día yo te libraré, dice
Jehová, y no serás entregado en manos de aquellos a quienes tú temes. Porque
ciertamente te libraré... porque tuviste confianza en mí” (39:17,18). Libre y
bendecido por Dios, con gozo y con la paz de Dios en su corazón, Ebed-Melec
sale del escenario. Su nombre no vuelve a mencionarse en las Sagradas
Escrituras.
CONCLUSIÓN.
Tal vez usted no esté en una posición de liderazgo. Bueno, ¡Ebed-Melec
tampoco! Quizás usted haya escogido llevar una vida cristiana pasiva debido a
su nacionalidad, el color de su piel, su estado físico, su edad o su nivel
económico o social. Ebed-Melec tenía desventajas en muchos sentidos, pero hoy,
más de dos milenios y medio después de su muerte, ¡sus acciones aún nos
inspiran! En las manos del Dios Todopoderoso, usted y yo también podemos marcar
una diferencia.
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*A menos que se indique lo contrario, las citas bíblicas son tomadas de la Versión Reina Valera
1960 de las Sagradas Escrituras.
(Felipe Nunn - Armenia, Colombia - Diciembre 2004 Traducido por: Abner
Trejos - Fuente: www.philipnunn.com)
http://philipnunn.com/es/2006/10/11/8-ebed-melech/
http://philipnunn.com/es/2006/10/11/8-ebed-melech/


