“… Detente, y considera las maravillas de Dios.”
Job 37:14 (Leer Job 37:14-24)
«¿Qué es una diatomea?», le pregunté a mi
amiga. Miraba por encima de su hombro unas fotos que ella había tomado con su
celular a través del microscopio. «Es como un alga, pero más difícil de ver. A
veces, hay que colocar una gota de aceite en el lente o tienen que estar
muertas para verlas», explicó. Mientras miraba asombrada las fotos, no podía
dejar de pensar en el intrincado detalle que Dios aplicó al crear vida, ¡y que
solo puede verse en un microscopio!
La creación y las obras de Dios son
interminables. En el libro de Job, Eliú, uno de los amigos, le señaló esto a
Job cuando este luchaba tras sus pérdidas, y lo desafió: «Escucha esto, Job;
detente, y considera las maravillas de Dios. ¿Sabes tú cómo Dios las pone en
concierto, y hace resplandecer la luz de su nube? ¿Has conocido tú las
diferencias de las nubes, las maravillas del Perfecto en sabiduría?»
(37:14-16). Nosotros, como seres
humanos, no podemos llegar a comprender la complejidad de Dios y de lo que Él
creó.
Incluso partes de la creación que no podemos
ver, reflejan la gloria y el poder de Dios. Independientemente de lo que
estemos atravesando, Dios sigue obrando, aunque no podamos verlo ni entenderlo.
Alabémoslo hoy porque Él «hace cosas grandes e inescrutables, y maravillas sin
número» (Job 5:9).
Señor, gracias porque siempre estás en
acción.
Dios está trabajando siempre.
(La Biblia en un año: Éxodo 23–24
— Mateo 20:1-16)


