“Te daré los tesoros escondidos” Isaías
45:3
En las tiendas de encajes más famosas de Bruselas, hay
ciertas habitaciones dedicadas exclusivamente para la hiladura de los modelos
más primorosos y delicados. Estas habitaciones están completamente
obscurecidas. Solo entra luz por una pequeña ventana la cual va a parar
directamente sobre el modelo. En la habitación sólo hay un hilador, el cual se
sienta junto al lugar donde los rayos de luz dan sobre los hilos de su tejido.
"De esta manera," nos dijo el guía, "aseguramos nuestra producción
más refinada. El encaje siempre se teje de una forma más exquisita y preciosa
cuando el obrero mismo está en la obscuridad y su modelo solamente está en la
luz."
¿No puede ser que suceda lo mismo con nosotros cuando
tejemos? Algunas veces nos encontramos en situaciones muy negras. No podemos comprender lo que hacemos. No
vemos el tejido que tejemos. En nuestra experiencia no podemos descubrir
belleza o bien alguno. Sin embargo, si somos fieles y no fracasamos ni
desfalle-cemos, llegará un día en que sabremos que el trabajo más refinado que hemos
hecho en nuestra vida, fue aquel que realizamos en aquellos días tan obscuros.
Si te encuentras en alguna dificultad a causa de una
providencia extraña y misteriosa, no temas; marcha hacia adelante con tu fe y
amor sin dudar jamás. Dios observa constantemente, y El hará que de tus penas y
lágrimas, brote belleza y bien para ti y los que te rodean. –J. R. MILLER.
L.
B. COWMAN - (DEV. “MANANTIALES EN EL DESIERTO”)


