“… el Señor dio, y el Señor quitó; sea el
nombre del Señor bendito.” Job 1:21 (Leer Job 1:13-22)
El libro de Ann Voskamp, Un millar de obsequios, alienta a los lectores a evaluar su vida
todos los días para ver lo que el Señor ha hecho por ellos. Resalta la
generosidad de Dios en su caso, tanto en obsequios grandes como pequeños: desde
la iridiscente belleza de una burbuja en la pileta de lavar hasta la
incomparable salvación de pecadores como ella (¡y todos nosotros!). Ann
sostiene que la gratitud es la clave para ver a Dios aun en los momentos más
difíciles de la vida.
Job es famoso por su vida con momentos «difíciles».
Sus pérdidas fueron muchas y graves. Tras enterarse de la muerte de sus hijos,
su dolor se evidencia en su reacción: «rasgó su manto, y rasuró su cabeza»
(1:20). Sus palabras en esa hora de angustia me hacen pensar que sabía ser
agradecido, porque reconoce que Dios le había dado todo lo que había perdido
(v. 21). Si no, ¿cómo podría haber
adorado en medio de semejante dolor?
La gratitud diaria no puede borrar el dolor
que sentimos en épocas de pérdidas. Job cuestionó su dolor y lidió con él, como
lo describe el resto del libro. Pero reconocer la bondad de Dios puede
prepararnos para arrodillarnos en adoración a nuestro Dios todopoderoso en las
horas más oscuras de nuestra vida en este mundo.
Señor, que reconozca tu generosidad aun en
las cosas más pequeñas y confíe en ti siempre.
¿Por qué no comenzar una lista de
agradecimientos? Observa cómo cambiará tu vida diaria.
(La Biblia en un año: Nahum 1–3 — Apocalipsis 14)


