miércoles, 19 de diciembre de 2018

¿Cuál es la base de nuestra fe? 19 diciembre





Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna.” Tito 3:4-7


El tamaño y la fortaleza de nuestra fe están directamente relacionados con nuestro concepto de Dios y la seguridad que tengamos en su amor por nosotros. Es decir, para que nuestra fe crezca y se fortalezca debemos establecer firmemente en nuestros corazones que Dios es fiel y que para siempre es su misericordia y su amor es real, interminable y perfecto. Esto podemos lograrlo a medida que leamos la Biblia y meditemos en todos los ejemplos en los que el amor del Señor se ha manifestado de una manera u otra.

El pasaje de hoy dice que la bondad y el amor de Dios se manifestaron plenamente cuando nos salvó, es decir cuando envió a su hijo Jesucristo para que muriese en la cruz en lugar de cada uno de nosotros. Así dice la Biblia en Romanos 5:8: “Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” Y por medio de su muerte nos libró de la condenación y nos dio el regalo de la vida eterna. El apóstol Juan lo expresó de la siguiente manera en Juan 3:16: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda mas tenga vida eterna.” Por todo esto podemos declarar con toda autoridad: "Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?" (Romanos 8:31-32).

Romanos 5:5 declara que “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” a todos los que hemos creído y aceptado este regalo de Dios. Cuando el Espíritu Santo produce en nosotros su fruto de “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” (Gálatas 5:22-23), empezamos a conocer a Dios y a entender espiritualmente el amor que él tiene para nosotros. Entonces nuestra fe se desarrolla y es mucho más fácil confiar en él y en todo lo que él ha planeado para nosotros sus hijos. Por eso el apóstol Pablo, en su carta a los cristianos de Galacia les dijo: “Nosotros por el Espíritu aguardamos por fe la esperanza de la justicia; porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor.” (Gálatas 5:5-6). Había muchos legalistas tratando de confundir a aquellos que habían creído, por eso era necesario aclarar que la fe verdadera es motivada por el amor, no por la ley. Dios no está interesado en rituales sino en la realidad de una vida genuinamente entregada a él.

Jesús dijo: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.” (Juan 14:21). En nuestra relación con Dios todo gira alrededor del amor. Por amor Jesús murió en la cruz por cada uno de nosotros aún siendo pecadores. Cuando nosotros obedecemos los mandamientos de Jesús demostramos nuestro amor por él. Entonces el amor de Dios se manifiesta en nuestras vidas y nosotros seremos capaces de manifestar ese amor aún a aquellos que nos han herido. Dice 1ª Juan 4:8: “El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.” Esta es la verdadera vida cristiana. Esta es la base de nuestra fe: Conocer a Dios, experimentar su amor y obedecerle amando a los que nos rodean.

Cuando entendemos que Dios nos ama de una manera tan preciosa, y que es además absolutamente todopoderoso no tenemos que preocuparnos por lo que la vida nos depara. Sólo tenemos que concentrar nuestros esfuerzos en obedecer su Palabra. Es así como nuestra fe se fortalece y podemos vivir tranquilos con la seguridad de que nuestro Padre celestial cuidará de nosotros de manera perfecta, más allá de todo entendimiento.


ORACIÓN. Padre santo, no tengo palabras con qué agradecerte tu amor por mí que excede todo conocimiento. Ayúdame a confiar cada vez más en ese amor para que mi fe se fortalezca. En el nombre de Jesús, Amén.



ENRIQUE SANZ – (DEVOCIONAL DIARIO “DIOS TE HABLA”)









TRADUCCIÓN