“Pero
cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los
hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho,
sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la
renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo
nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser
herederos conforme a la esperanza de la vida eterna.” Tito 3:4-7
El tamaño y la fortaleza de nuestra fe están
directamente relacionados con nuestro concepto de Dios y la seguridad que
tengamos en su amor por nosotros. Es decir, para que nuestra fe crezca y se
fortalezca debemos establecer firmemente en nuestros corazones que Dios es fiel
y que para siempre es su misericordia y su amor es real, interminable y
perfecto. Esto podemos lograrlo a medida que leamos la Biblia y meditemos en
todos los ejemplos en los que el amor del Señor se ha manifestado de una manera
u otra.
El pasaje de hoy dice que la bondad y el amor
de Dios se manifestaron plenamente cuando nos salvó, es decir cuando envió a su
hijo Jesucristo para que muriese en la cruz en lugar de cada uno de nosotros.
Así dice la Biblia en Romanos 5:8: “Dios muestra su amor para con nosotros, en
que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” Y por medio de su muerte
nos libró de la condenación y nos dio el regalo de la vida eterna. El apóstol
Juan lo expresó de la siguiente manera en Juan 3:16: “Porque de tal manera amó
Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito, para que todo aquel que en él
cree, no se pierda mas tenga vida eterna.” Por todo esto podemos declarar con
toda autoridad: "Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que
no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo
no nos dará también con él todas las cosas?" (Romanos 8:31-32).
Romanos 5:5 declara que “el amor de Dios ha
sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” a
todos los que hemos creído y aceptado este regalo de Dios. Cuando el Espíritu
Santo produce en nosotros su fruto de “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad,
bondad, fe, mansedumbre, templanza” (Gálatas 5:22-23), empezamos a conocer a
Dios y a entender espiritualmente el amor que él tiene para nosotros. Entonces
nuestra fe se desarrolla y es mucho más fácil confiar en él y en todo lo que él
ha planeado para nosotros sus hijos. Por eso el apóstol Pablo, en su carta a
los cristianos de Galacia les dijo: “Nosotros por el Espíritu aguardamos por fe
la esperanza de la justicia; porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale
algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor.” (Gálatas 5:5-6).
Había muchos legalistas tratando de confundir a aquellos que habían creído, por
eso era necesario aclarar que la fe verdadera es motivada por el amor, no por
la ley. Dios no está interesado en
rituales sino en la realidad de una vida genuinamente entregada a él.
Jesús dijo: “El que tiene mis mandamientos, y
los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y
yo le amaré, y me manifestaré a él.” (Juan 14:21). En nuestra relación con Dios
todo gira alrededor del amor. Por amor Jesús murió en la cruz por cada uno de
nosotros aún siendo pecadores. Cuando nosotros obedecemos los mandamientos de
Jesús demostramos nuestro amor por él. Entonces el amor de Dios se manifiesta
en nuestras vidas y nosotros seremos capaces de manifestar ese amor aún a
aquellos que nos han herido. Dice 1ª Juan 4:8: “El que no ama, no ha conocido a
Dios; porque Dios es amor.” Esta es la verdadera vida cristiana. Esta es la
base de nuestra fe: Conocer a Dios, experimentar su amor y obedecerle amando a
los que nos rodean.
Cuando entendemos que Dios nos ama de una
manera tan preciosa, y que es además absolutamente todopoderoso no tenemos que
preocuparnos por lo que la vida nos depara. Sólo tenemos que concentrar
nuestros esfuerzos en obedecer su Palabra. Es así como nuestra fe se fortalece
y podemos vivir tranquilos con la seguridad de que nuestro Padre celestial
cuidará de nosotros de manera perfecta, más allá de todo entendimiento.
ORACIÓN. Padre
santo, no tengo palabras con qué agradecerte tu amor por mí que excede todo
conocimiento. Ayúdame a confiar cada vez más en ese amor para que mi fe se
fortalezca. En el nombre de Jesús, Amén.
ENRIQUE
SANZ – (DEVOCIONAL DIARIO “DIOS TE HABLA”)


