“…en
quien esperamos que aún nos librará […]; cooperando también vosotros a favor
nuestro con la oración…” 2ª Corintios 1:10-11 (Leer 2ª Corintios 1:8-11)
Una tarea de estudios importante me estaba abrumando, y
temía no poder entregarla a tiempo. En medio de mi ansiedad, recibí tres notas
de ánimo de amigos que me alentaban. Todas decían: «Dios te puso en mi mente
hoy mientras oraba». Me sentí alentada de que estos amigos me contactaran sin
saber lo que me pasaba, y estaba segura de que Dios los había utilizado como
sus mensajeros de amor.
El apóstol Pablo sabía del poder de la oración cuando les
escribió a los creyentes en Corinto, diciéndoles que confiaba en que Dios
seguiría librándolo del peligro mientras ellos cooperaban a su favor en oración
(2ª Corintios 1:10-11). Cuando el Señor respondiera, Él sería glorificado
porque muchas personas le darían gracias por haberles concedido su petición (v.
11).
Mis amigos y
los de Pablo estaban comprometidos en el ministerio de la intercesión; lo que Oswald Chambers llama: «un ministerio oculto que
da fruto mediante el cual el Padre es glorificado». Al centrar nuestra mente y
corazón en Jesús, Él nos moldea; aun nuestra forma de orar. Así, nos capacita
para interceder por amigos, familiares e incluso desconocidos.
¿Te ha puesto Dios a alguien en la mente y el corazón por
quién orar?
Señor, gracias porque no solo percibo tu amor en las
oraciones de otros, sino por poder interceder yo por los demás.
Dios escucha las oraciones de su pueblo.
(La Biblia en
un año: Ezequiel 16–17 — Santiago 3)


