“Manteniendo
buena vuestra manera de vivir entre los gentiles…” 1ª Pedro 2:12 (Leer 1ª
Pedro 2:11-21)
Ema vive en un país donde está prohibido predicar el
evangelio. Trabaja como enfermera profesional, cuidando bebés recién nacidos en
un hospital. Su compromiso con el trabajo es tal que su labor se destaca, y
muchas mujeres sienten curiosidad respecto a ella. Por eso, se sienten impulsadas
a hacerle preguntas en privado. De este modo, Ema les habla abiertamente acerca
del Salvador.
Por su buena labor, algunos compañeros de trabajo
sintieron envidia y la acusaron de robar medicamentos. Sus superiores no les
creyeron, y las autoridades encontraron finalmente al culpable. Esto hizo que
otras enfermeras le preguntaran sobre su fe. Su ejemplo me recuerda las
palabras de Pedro: «Amados […], mantengan buena vuestra manera de vivir entre
los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores,
glorifiquen a Dios […], al considerar vuestras buenas obras» (1ª Pedro
2:11-12).
Nuestra vida
diaria en casa, el trabajo o la escuela impacta a los demás cuando permitimos
que Dios obre en nosotros. Estamos
rodeados de personas que observan cómo hablamos y nos comportamos. Así que,
dependamos de Él y dejemos que guíe nuestras acciones y pensamientos. De este
modo, nuestra influencia podría guiar a algunos a poner su fe en Cristo.
Señor, que viva de tal modo que tu nombre sea honrado
dondequiera que vaya.
Nuestra vida habla más fuerte que nuestras palabras.
(La Biblia en
un año: Ezequiel 24–26 — 1ª Pedro 2)


