“… Mi presencia
irá contigo, y te daré descanso.” Éxodo 33:14 (Leer Éxodo 3:7-12)
El ansioso padre y su hijo adolescente estaban sentados frente
al vidente, quien preguntó: «¿Su hijo va muy lejos?». El hombre respondió: «A
la gran ciudad, y estará allí largo tiempo». Luego de entregarle al padre un
talismán (un amuleto de la buena suerte), el vidente dijo: «Esto lo protegerá
dondequiera que vaya».
Yo era ese muchacho. Sin embargo, ni el vidente ni el
talismán pudieron hacer nada por mí. Mientras estaba en esa ciudad, puse mi fe
en Jesús. Arrojé el amuleto y me aferré a Cristo. Tenerlo me garantizaba que
Dios estaba conmigo.
Treinta años después, mi padre —que ahora es creyente— me
dijo mientras llevábamos de urgencia a mi hermano al hospital: «Primero,
oremos; ¡el Espíritu de Dios va contigo y estará contigo todo el camino!». Habíamos aprendido que la presencia y el
poder de Dios son nuestra única seguridad.
Moisés aprendió una lección similar. Dios le había
asignado una tarea difícil: sacar al pueblo de la esclavitud en Egipto y
guiarlo a la tierra prometida (Éxodo 3:10). Pero Dios le aseguró: «yo estaré
contigo» (v 12).
Nuestro viaje también presenta desafíos, pero estamos
seguros de la presencia de Dios. Como dijo Jesús a sus discípulos: «yo estoy
con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mateo 28:20).
Señor, que siempre recuerde que estás conmigo.
No hay por qué temer donde sea que vayas cuando Jesús va
contigo.
(La Biblia en
un año: Jeremías 48–49 — Hebreos 7)
LAWRENCE
DARMANI - (DEVOCIONAL “NUESTRO PAN DIARIO")


