“Salió Jesús y vio una gran multitud, y
tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor.” Marcos
6:34
(Leer Josué 19 – Colosenses 3 – Salmo 135:15-21
– Prov 28:25-26)
El Salmo 23 es
el pasaje bíblico más conocido, incluso por la gente que no está muy
familiarizada con la Biblia. Da paz y consuelo en los momentos difíciles de la
vida.
“El Señor es mi
pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar;
junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; me guiará por sendas
de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, no
temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán
aliento. Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges
mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la
misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del Señor
moraré por largos días”.
El autor de
este salmo es David, un pastor que llegó a ser rey de Israel. Pasó por alegrías
y tristezas, como cada uno de nosotros. Atravesó
grandes peligros y experimentó victorias y derrotas. Este salmo es la
expresión de una total confianza en Dios.
Son notables
los cuidados de un pastor hacia su oveja, animal miedoso que se pierde cuando
se separa del rebaño, indefenso ante los depredadores, la intemperie, las
enfermedades... El pastor vela, conduce el rebaño, aleja a los agresores, cura
a la oveja enferma, va en busca de la descarriada y la trae al rebaño. La oveja
está segura cerca del pastor. Si lo sigue será llevada a buenos pastos y al
agua que la sacia.
Y en
situaciones extremas, es decir, cuando pase por el valle sombrío y espantoso,
final que parece aterrador, el cristiano tendrá protección junto al poderoso
pastor, Jesucristo.
EDICIONES BÍBLICAS - (DEVOCIONAL “LA BUENA SEMILLA”)


