“¿Y tú buscas
para ti grandezas? No busques; porque he aquí que yo traigo mal sobre toda
carne, ha dicho Jehová, y a ti te daré tu vida por despojo en todos los lugares
adonde fueres.” Jeremías 45:5
He aquí la concesión de una promesa para los lugares difíciles
en que podamos encontrarnos. Una promesa que asegura la vida en medio de las
mayores opresiones, una vida "por despojo." Puede adaptarse muy bien
a los tiempos en que vivimos, los cuales se hacen más difíciles a medida que
nos acercamos a Su segunda venida y los Tiempos de tribulación. ¿Qué quiere
decir "una vida por despojo"? Significa, el arrebatar una vida de las
mismas mandíbulas del destructor, como David arrebató el cordero del león. No
quiere decir, un apartamiento del ruido de la batalla y de la presencia de
nuestros enemigos; sino que quiere decir, una mesa en medio de nuestros enemigos,
un refugio para preservarnos de la tormenta, una fortaleza entre nuestros
enemigos, una vida conservada en medio de la opresión continua. El saneamiento
de Pablo, cuando oprimido hasta lo indecible llegó a desesperar de la vida. La
ayuda Divina de Pablo cuando le quedó introducida la espina, pero el poder de
Cristo vino sobre él y la gracia de Cristo le bastó. Señor, dame mi vida 'por
despojo, y ayúdame hoy en los lugares más difíciles a salir victorioso. –DAYS OF HEAVEN
UPON EARTH.
Muy a menudo pedimos el ser libertados de las
calamidades, y aún confiamos que lo seremos; pero no pedimos el ser transformados en lo que debiéramos ser en la
presencia misma de las calamidades; vivir entre ellas el tiempo que duren a
sabiendas de que el Señor nos sostiene y cobija, y que por lo tanto, podemos
permanecer en medio de ellas hasta que se terminen sin que se nos cause daño
alguno. Durante cuarenta días y cuarenta noches, el Salvador estuvo en la
presencia de Satanás en el desierto, y bajo la prueba de circunstancias
especiales, por estar debilitada Su naturaleza humana a causa de la falta de
alimentos y descanso. El horno fue calentado siete veces más de lo que era
costumbre, pero los tres hebreos permanecieron durante todo el tiempo entre las
llamas, con la misma calma y sosiego en la presencia de la última aplicación de
tortura del tirano, como tuvieron en su presencia antes de que llegase su
tiempo de rescate. Daniel pasó la noche entera sentado entre los leones, y
cuando fue sacado del antro, "no tenía en su cuerpo la menor herida,
porque él creyó en su Dios." Ellos moraron en la presencia del enemigo,
porque moraban en la presencia de Dios.
L.
B. COWMAN - (DEV. “MANANTIALES EN EL DESIERTO”)


