“Aconteció… que tomó a Pedro, a Juan y a Jacobo, y
subió al monte a orar. Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se
hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente… y vieron la gloria de Jesús…” (Lucas 9:28, 29, 32)
“… si he hallado gracia en tus ojos, te ruego que
me muestres ahora tu camino…” (Éxodo 33:13)
Cuando Jesús
tomó aparte en lo alto de aquella elevada montaña a estos tres discípulos, los
colocó en una comunión íntima con El. Ellos no vieron a nadie sino a Jesús; y
era una gran cosa el estar allí. El cielo no está muy retirado de aquellos que
se detienen en el monte con su Señor.
¿Quién es el
que no ha vislumbrado la abertura de la puerta en momentos de oración y
meditación? ¿Quién no ha sentido en el lugar secreto de la sagrada comunión la
ráfaga de algún oleaje emocional –un gozo por anticipado de lo sagrado–?
El Maestro tuvo
tiempos y lugares para conversar con tranquilidad con Sus discípulos. Una vez
lo hizo en la cumbre de Hermón, pero con más frecuencia en los declives
sagrados de Olivet. Cada cristiano debiera tener su Olivet. La mayor parte de
nosotros, especialmente en las ciudades y pueblos grandes, vivimos en un gran
apresuramiento. Desde por la mañana temprano hasta la hora de acostarnos,
estamos expuestos a girar rápidamente de una parte para otra sin tener
tranquilidad para nada. En medio de este
barullo, la oportunidad que tenemos para meditar, para orar, para la lectura de
Su Palabra y para comunicarnos con El es muy pequeña.
Daniel tuvo
necesidad de un Olivet en su habitación, en medio del ruido e idolatría de Babilonia.
Pedro encontró el suyo en lo alto de la casa en Joppa; y Martín Lutero, halló
el suyo en el "aposento alto" en Wittenberg, el cual aún se conserva
como sagrado.
Una vez, el Dr.
Joseph Parker dijo: "Si no volvemos a las visiones, a elevar nuestra
mirada al cielo, a darnos cuenta de la gloria más excelsa y de la vida más
elevada, entonces perderemos nuestra religión; nuestro altar se convertirá en
una piedra desnuda y sin bendecir por los habitantes del cielo." Lo que el
mundo necesita hoy, es hombres que hayan visto a su Señor. –THE LOST ART OF MEDITATION.
Acércate a El.
El puede llevarte hoy a lo alto de la montaña, a donde llevó a Pedro a pesar de
sus errores y a Jacobo y a Juan, aquellos hijos del trueno que una y otra vez
interpretaron por completo malamente a Su maestro y Su misión. No hay razón
alguna por la que no pudiese llevarte a ti. Así que no te elimines de ello y
digas, "Estas visiones y revelaciones del Señor son para los espíritus
escogidos." ¡Pueden ser para ti! –JOHN
McNEILL.
L. B. COWMAN - (DEV. “MANANTIALES EN EL DESIERTO”)
L. B. COWMAN - (DEV. “MANANTIALES EN EL DESIERTO”)


