“Los ojos del Señor están en todo lugar, mirando a
los malos y a los buenos.” Proverbios 15:3
“Dios... conoce los secretos del corazón.” Salmo
44:21
(Leer Deut. 32:1-28 – Juan 21 – Salmo 119:153-160 –
Prov. 27:5-6)
En Alemania,
encima de la puerta de la catedral de Aquisgrán, se puede ver un triángulo en
cuyo centro hay un ojo dibujado. Evoca el ojo de Dios, bajo la mirada del cual
vive cada ser humano.
El creyente
podría temblar pensando que nada de lo que ocurre en su vida está escondido de
la mirada de Dios. ¡Sí, él conoce nuestros pensamientos e incluso nuestras
intenciones! A veces vienen a nuestra mente muchas cosas que quizá
preferiríamos ocultarle. Saber que el ojo de Dios ve todo, ¿nos entristecerá o
desanimará? ¡De ninguna manera!
Pensemos en la
experiencia del rey David: durante un
tiempo trató de ocultar un terrible pecado, pero no tenía paz porque su
conciencia lo torturaba. Hasta que un día dijo a Dios: “Mi pecado te
declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones al
Señor; y tú perdonaste la maldad de mi pecado” (Salmo 32:5).
Dios no ha
cambiado. Aún hoy ve todo y perdona los pecados del que se los confiesa
sinceramente. ¡Él pagó con su vida para darnos el perdón!
Así Dios ve todo
lo que hago y mucho más, sabe todo lo que pienso. Para el que está en paz con
Dios, y su conciencia no le reprocha nada, esto es un motivo de gozo. Dios me
ve continuamente y piensa en mí con bondad, aunque yo no siempre soy consciente
de sus bendiciones. Y, si en algo el Señor me muestra un pecado en mi vida,
rápidamente se lo confieso a él.
EDICIONES BÍBLICAS - (DEVOCIONAL “LA BUENA
SEMILLA”)


