“Estad quietos, y conoced que yo soy
Dios.” Salmo 46:10
No se encuentra
en todos los coros una nota musical tan poderosa como la pausa enfática.
¿Existe en el salterio alguna palabra tan elocuente como aquella, Selah (Pausa)?
¿Hay algo más conmovedor y terrible que el silencio que precede el romper de la
tormenta y la calma tan extraña con que parece que se cubre toda la naturaleza
antes de que haya alguna convulsión o fenómeno preternatural? ¿Hay alguna otra
cosa que pueda conmover tanto nuestros corazones como el poder del silencio?
Para todo
corazón que se entrega por completo a El, existe "la paz de Dios que
sobrepasa todo entendimiento," una "quietud y confianza" que es
la fuente de toda fortaleza, una paz sosegada, "que no puede ser perturbada
por nada en este mundo," un descanso profundo que "el mundo no puede
dar ni quitar." En medio de lo más
profundo del alma, hay un aposento para la paz donde Dios mora y donde podemos
oír Su voz apagada y silenciosa, con solamente que entremos en el y
acallemos los demás sonidos.
En la rueda más
veloz que gira sobre su eje, existe un lugar en el mismo centro donde no hay
ningún movimiento, y de la misma manera, en la vida más ocupada puede haber un
lugar donde estemos a solas con Dios con una calma eterna. Hay solamente un
camino para conocer a Dios. "Estad quietos y conoced. Dios está en Su
santo templo; calle delante de El toda la tierra."–SELECCIONADO.
"Nuestro
buen Padre Celestial, algunas veces hemos caminado bajo cielos nublados que han
arrojado sobre nosotros tinieblas como diluvios. Desesperamos al no ver la luz
de las estrellas, ni la luz de la luna, ni la salida del sol. La desagradable obscuridad
se ha teñido sobre nosotros como si fuese a durar para siempre. De la obscuridad
no se ha oído ninguna voz cariñosa que trate de consolar nuestros quebrantados
corazones. De buena gana hubiese recibido el estampido de un trueno no terrible
para que rompiese la calma atormentadora de esa noche opresiva."
"Pero Tu
alegre susurro de amor eterno nos habló con más suavidad a nuestras almas magulladas
y sangrantes, que el viento que respira a través de las arpas eolinas. Fue Tu
'voz pequeña y apagada' la que nos habló. Estábamos escuchando y oímos. Miramos
y vimos Tu rostro radiante con la luz de amor. Y cuando oímos Tu voz y vimos Tu
rostro, vino una nueva vida a nosotros, como la vida que vuelve a las plantas
secas que beben la lluvia de verano."


