“Jesús... les dijo: ¿Por qué molestáis a
esta mujer? pues ha hecho conmigo una buena obra. Porque siempre tendréis
pobres con vosotros, pero a mí no siempre me tendréis.” Mateo 26:10-11
(Leer Josué 12 – Hebreos 12:1-11 –
Salmo 132:8-12 – Pro 28:13-14)
En varias
parábolas Jesús evoca la vida cotidiana de las mujeres. A través de sus
diversas actividades, estas mujeres ilustran diferentes aspectos de la vida de
un discípulo de Cristo. Tenemos el ejemplo de la viuda que obtuvo el favor del
juez injusto, el de la mujer que buscó la moneda perdida, ilustración de la
perseverancia en la oración. También tenemos el ejemplo de las jóvenes que
prepararon el aceite de sus lámparas mientras esperaban al Señor, etc. A su
manera, cada una de estas historias, que Jesús contó para nuestra enseñanza,
nos muestra cómo Jesús aprecia la actitud y el servicio de las mujeres
cristianas que desean agradar a Dios.
Cuando Marta
reprochó a Jesús el no haberle dicho a María que le ayudase, él le respondió de
forma sorprendente: “Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas.
Pero solo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no
le será quitada” (Lucas 10:41-42). Esta
respuesta invita a buscar “la buena parte”, es decir, escuchar el mensaje de
Jesús.
Son numerosas
las mujeres que Jesús cita como ejemplo: una viuda que dio todo su sustento
para el servicio del templo; María, por su generosidad y apego a Cristo;
incluso una extranjera que pidió a Jesús salvar a su hija. Emocionado por la fe
de esta mujer, Jesús le dijo: “Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como
quieres” (Mateo 15:28). Alabando la fe de esta extranjera, Jesús mostró que
Dios no solo se revela a los judíos, sino a todos los hombres y mujeres que van
a él con fe.
EDICIONES BÍBLICAS - (DEVOCIONAL “LA BUENA SEMILLA”)


