“Bienaventurado es aquel que no halle tropiezo
en mí.” Lucas 7:23
A veces es muy
difícil el no escandalizarse en Jesucristo. Las ofensas pueden ser
circunstanciales. Puede ser que me encuentre en una prisión, en una esfera demasiado
estrecha, en un hospital, en una posición impopular, cuando yo esperaba gozar
de grandes oportunidades. No te preocupes por esto; El es el que determina el
lugar en que debemos permanecer. El trata de intensificar nuestra fe de esta
manera, de madurar nuestro poder y establecer una comunión más íntima con
nosotros. Aún en el calabozo, nuestras almas pueden prosperar.
La ofensa puede
ser mental. Puedo encontrarme perturbado con embrollos y problemas que no puedo
resolver. Esperaba que al entregarme a El, mi cielo se esclarecería para
siempre; pero a menudo está lleno de nubes y niebla. No obstante, permíteme que crea que si las dificultades permanecen, son
para que aprendas a confiar más en El y no tener miedo. También, por medio
de mis conflictos intelectuales me entreno para poder enseñar a otros que se
encolerizan.
La ofensa puede
ser espiritual. Había pensado que encontrándome en Su aprisco, nunca sentiría
el viento de la tentación; pero es mejor así. Su gracia se magnifica. Mi propio
carácter se madura. Su cielo es más agradable al final del día. Allí volveré a
mirar a las vueltas y pruebas del camino, y cantaré las alabanzas de mi Guía.
Así, que venga lo que venga, Su voluntad siempre es bienvenida y rehusaré el
ser ofendido en mi amante Señor. –ALEXANDER
SMELLIE.
L. B. COWMAN - (DEV. “MANANTIALES EN EL DESIERTO”)
L. B. COWMAN - (DEV. “MANANTIALES EN EL DESIERTO”)


