“Descenderá como la lluvia sobre hierba
cortada…” Salmo 72:6
Amós habla de
las siegas del rey. Nuestro Rey posee muchas guadañas con las que perpetuamente
siega Sus praderas. El sonido musical que la guadaña produce en su contacto con
la piedra afiladora, pronostica el cortamiento de millares de margaritas, de
hierba verde y de multitud de flores. Tan bonitas como aparecían aquellas
flores por la mañana, al cabo de una o dos horas yacen a lo largo marchitadas
en hileras.
Así, en la vida
humana, actuamos con heroicidad delante de la guadaña del dolor, de las tijeras
de las desilusiones y la hoz de la muerte.
El único método
con que se puede obtener un césped de hierba aterciopelado, es segándolo repetidas
veces; y no hay otro medio para desarrollar
la ternura, la serenidad de ánimo y la simpatía, sino pasando las guadañas de
Dios. ¡Con cuánta constancia la Palabra de Dios compara al hombre con la
hierba, y su gloria con las flores! Pero cuando la hierba se ha secado y
sangran sus tiernas ramas, cuando reina la desolación donde había infinidad de
flores, entonces es el tiempo más favorable para que descienda la lluvia.
¡Oh, alma mía,
tú has sido segada! Una y otra vez el Rey te ha visitado con Su afilada guadaña.
No temas a la guadaña, porque de seguro será seguida por la lluvia. –F. B. MEYER.
L. B. COWMAN - (DEV. “MANANTIALES EN EL DESIERTO”)
L. B. COWMAN - (DEV. “MANANTIALES EN EL DESIERTO”)


