“El peso falso es abominación al Señor; mas la pesa
cabal le agrada.” Proverbios 11:1
“El Dios de todo saber es el Señor, y a él toca el
pesar las acciones.” 1 Samuel 2:3
(Leer Deut. 33 – Hebreos 2 – Salmo 119:169-176 –
Prov. 27:9-10)
En la caja de
un supermercado, delante de mí, una señora ocultó a la cajera algunos
productos. Para el comercio, en el momento del balance, la suma del robo
aparecerá en la columna de las «pérdidas». Pero alguien vio lo que esa señora
hizo y lo grabó: Dios. Para él, un robo sigue llamándose robo: “No hurtarás”
(Éxodo 20:15).
Esta persona
quedaría muy sorprendida si se le dijese que más tarde recibirá la factura, y
quien se la entregue no será el administrador del almacén, sino Dios. Sí, un
día Dios abrirá los «libros de contabilidad» y hará justicia de manera
perfecta.
Quizás algunos
consideren que ser honesto es ser ingenuo. Pero Dios no ha cambiado desde el
tiempo en que declaró, en la Biblia, que abomina el peso falso. Él conoce todo, desde el más pequeño desvío
de la honestidad hasta el fraude a gran escala.
Es muy
importante recordar esto: Un día todo saldrá a la luz ante el “que está
preparado para juzgar a los vivos y a los muertos” (1ª Pedro 4:5). Antes del
juicio, pongamos, pues, ante Dios esas cargas que oprimen nuestra conciencia.
¿Cómo ser verdaderamente felices sin tener una buena conciencia ante Dios, sin
tener la seguridad de su aprobación?
“¿No ve él
(Dios) mis caminos, y cuenta todos mis pasos? Si anduve con mentira, y si mi
pie se apresuró a engaño... Si mis pasos se apartaron del camino, si mi corazón
se fue tras mis ojos, y si algo se pegó a mis manos... ¿qué haría yo cuando
Dios se levantase? Y cuando él preguntara, ¿qué le respondería yo?” (Job
31:4-5, 7, 14).
EDICIONES BÍBLICAS - (DEVOCIONAL "LA BUENA
SEMILLA")


