“Procura
con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué
avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.” 2ª
Timoteo 2:15
Después de rendir un difícil examen no hay
frase más bella que podamos escuchar que "¡Usted está aprobado!”. Siempre
se requiere que seamos probados primero para más tarde ser aprobados o
desaprobados. Si queremos ser aprobados en cualquier examen tenemos que
invertir tiempo y esfuerzo estudiando, a veces hasta el cansancio. Mientras más
estudiamos y repasamos la materia más eficientes seremos en el momento del
examen.
La escuela de la vida nos hace pasar por
pruebas o exámenes con frecuencia mientras estamos en este mundo y
lamentablemente muchas veces salimos desaprobados. En la escuela espiritual
sucede exactamente lo mismo. Constantemente se presentan ante nosotros
situaciones que resultan un desafío en nuestra vida espiritual. Dios, nuestro
Gran Maestro, desea que crezcamos espiritualmente pasando de un nivel
espiritual a otro más alto, y así sucesivamente. Con este fin él prueba nuestra
fe por medio de diversas situaciones en la vida diaria. Ahora bien, ¿acaso no
conoce Dios la calidad y la cantidad de nuestra fe? Por supuesto que sí. Dios
es omnisciente, es decir lo sabe todo. Entonces, ¿por qué prueba nuestra fe?
Porque él quiere que nosotros estemos conscientes de cuán pequeña es nuestra
fe. Y la única manera de saberlo es al ver la manera en que reaccionamos cuando
nos encontramos en medio de una prueba.
Dios probó la fe de Abraham por medio de un examen
extremadamente difícil. Cuenta
Génesis 22:2 que Dios se presentó ante Abraham y le dijo: "Toma ahora tu
hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí
en holocausto." A la mañana siguiente Abraham se dirigió al monte con su
hijo. "Y extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su
hijo. Entonces el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham,
Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: No extiendas tu mano sobre el
muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no
me rehusaste tu hijo, tu único." Sin duda alguna Abraham salió aprobado. Y
dice Santiago 2:23: “Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios,
y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios.” Ciertamente
Abraham obtuvo la nota máxima en esta difícil prueba. Y como resultado fue
llamado “amigo de Dios.”
Muy probablemente nosotros no tengamos que
enfrentarnos a un examen tan difícil como el que pasó Abraham, pero a lo largo
de nuestras vidas rendiremos muchos exámenes, unos más difíciles que otros y a
medida que vayamos siendo aprobados delante de Dios, él va a continuar
probándonos con el fin de que maduremos espiritualmente. Por eso en el pasaje
de hoy dice que debemos ser diligentes, no negligentes. La persona
"diligente" es la que se alista y planea de antemano con cuidado,
esmero e interés con el fin de estar preparada para lo que se presente. Por el contrario, la persona "negligente"
es aquella que no pone el cuidado o el interés suficiente en sus acciones.
Por eso generalmente los resultados no son los deseados. Aprendamos de esta
comparación y pongamos en práctica esta enseñanza.
Si queremos estar preparados para el examen
espiritual que puede presentarse en cualquier momento, debemos vivir una vida
de comunión con Dios, leyendo su palabra, orando y buscando su rostro
diariamente. En la Biblia encontraremos la respuesta para cada una de las
situaciones que habrán de presentarse y conoceremos la manera en que Dios
espera que actuemos en las pruebas de la vida. Y por medio de la oración
constante llegaremos a conocer la voluntad de Dios y obtendremos el
discernimiento espiritual, la sabiduría y el poder para llevarla a cabo. De
esta manera estaremos capacitados para responder de la manera correcta delante
de Dios y así recibir su aprobación.
Procuremos dejar la mediocridad espiritual y
vayamos hacia delante buscando la excelencia tratando de aprobar todos los
exámenes que se presenten ante nosotros para que el nombre de Dios sea
glorificado y nosotros experimentemos su bendición.
ORACIÓN. Padre
mío, te confieso que he sido negligente en mi vida espiritual. En este momento
te pido que me des la fuerza de tu Espíritu Santo para que con diligencia yo
viva la vida cristiana y pueda resultar aprobado por ti. En el nombre de Jesús,
Amén.
ENRIQUE
SANZ - (DEVOCIONAL DIARIO “DIOS TE HABLA”)


