“...Toma en cuenta que nunca duerme el
protector de Israel. El Señor es tu protector; el Señor es como tu sombra:
¡siempre está a tu mano derecha!” Salmos 121:4-5
El hombre de 44
años estaba desesperado, psicológicamente hablando, 'al borde de la locura', y
pensaba seriamente en cometer suicidio.
En un momento
de claridad, logró llamar al número telefónico de ayuda. Eran alrededor de las
2 de la mañana. Su llamada la recibió un pastor, consejero entrenado de la
Iglesia de Suecia.
El hombre
comenzó a contarle lo que le sucedía, mientras el pastor escuchaba en silencio.
Luego de hablar
durante casi cuatro minutos, el pobre hombre podía oír la respiración profunda
al otro lado de la línea, por lo que preguntó en voz bien fuerte: "¿Está
anotando lo que le digo?", ante lo cual el pastor se despertó... pero sólo
por unos breves minutos.
Al darse cuenta
que el pastor se había vuelto a dormir, el hombre colgó.
Lo bueno de
todo esto fue que, al ser ignorado de tal forma el hombre se enojó tanto, que se olvidó de la idea que había tenido
previamente de cometer suicidio.
La mayoría de
nosotros podemos comprender su enojo. Como pastor, muchas veces prediqué
sermones que no fueron escuchados por una gran parte de la congregación. Como
padre, sé que hubo momentos en que mis hijos no escucharon mis consejos.
Seguramente
usted también puede hacer su propia lista de momentos en que los demás estaban
tan despreocupados, que no prestaron atención a lo que usted les decía.
Gracias a Dios
que tenemos un Señor que siempre presta atención a las oraciones humildes y
sinceras de su pueblo. Como dice el salmista: "El Señor jamás duerme ni se
adormece".
Es tan sólo
otra forma de asegurarnos que el Señor está vigilante, y que constantemente nos
escucha, protege y bendice.
Y si se
pregunta por qué Dios hace esto por sus hijos, la respuesta es simple: debido a
Jesucristo, su Hijo, nuestro Salvador y hermano.
Esa es la razón
por lo cual elevamos nuestras oraciones "en el nombre de Jesús."
ORACIÓN. Señor Dios, te doy gracias porque
debido a lo que Jesús ha hecho, me has adoptado como miembro de tu familia en
la fe. Y aún más, me regocijo porque siempre estás dispuesto a escuchar mis
oraciones; a ayudarme en mi necesidad y protegerme. Padre celestial, ayúdame a
estar igualmente listo a escucharte. En el nombre de Jesús. Amén.
PARA EL CAMINO - (DEVOCIONAL “ALIMENTO DIARIO”)


