“Escucha, oh Jehová, mis palabras; considera
mi gemir. Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, porque a ti
oraré. Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de
ti, y esperaré.” Salmo 5:1-3
El mundo en que vivimos, con sus avances
tecnológicos, sus sofisticados equipos electrónicos y la enorme cantidad de
información que fluye a través de los diferentes medios de comunicación nos
roba una gran parte del tiempo con que contamos diariamente. Esta situación nos
ha venido afectando desde hace mucho tiempo y cada vez es menos el tiempo que
tenemos disponible para Dios. Hace unos 50 años el autor, conferencista y
predicador A. W. Tozer dijo: “La civilización moderna es tan compleja que hace
la vida devocional casi imposible.” Tozer escribió estas palabras mucho antes
de que el correo electrónico, el Internet, los teléfonos celulares, la
televisión con 500 canales y la adición de otras tecnologías que “ahorran
tiempo” empezaran a robarnos tanto de nuestro tiempo. En la actualidad la situación
es aún peor.
Pero no son sólo los obstáculos electrónicos
y la complicada tecnología moderna los que dificultan nuestra comunión con
Dios. Más a menudo de lo que nos imaginamos, el mayor obstáculo somos nosotros
mismos, es nuestra propia apatía por establecer una relación íntima con nuestro
Padre celestial. Él está siempre esperando por nosotros. El autor de la carta a
los Hebreos hizo la siguiente invitación a sus lectores: “Acerquémonos, pues,
confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia
para el oportuno socorro.” (Hebreos 4:16). ¿Qué debemos hacer nosotros para
motivarnos a seguir este consejo?
Primero. Necesitamos reconocer que pasar tiempo con Dios
es esencial para nuestra vida espiritual.
Este tiempo a solas con Dios, conocido como "Tiempo Devocional",
debería ser tan vital para nosotros como asegurarnos de que comemos lo
suficiente todos los días, pues es absolutamente necesario para nuestro
crecimiento espiritual. Durante este tiempo debemos leer la Biblia, meditar en
lo que leemos y orar pidiendo al Señor nos dé sabiduría y discernimiento
espiritual para entenderla y ponerla en práctica. El gran predicador inglés
Charles Spurgeon escribió: "Si no estás buscando a Dios, el diablo te está
buscando a ti." Es decir, no debemos esperar a que Satanás nos ataque para
prepararnos espiritualmente con el fin de rechazar esos ataques.
Segundo.
Debemos hacer todo lo posible por tener ese tiempo a solas con Dios cada día,
echando a un lado todo tipo de pretexto u obstáculo que nos lo impida. Dios
quiere que le busquemos de corazón y nos promete que le hallaremos. Así nos
dice en Jeremías 29:12-13: “Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí,
y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro
corazón.”
Tercero.
Debemos elaborar un plan para ese encuentro diario con nuestro Padre celestial.
Por ejemplo, en el pasaje de hoy vemos que David programaba su momento especial
con Dios en las mañanas. Para ello él hace un voto de buscar a Dios temprano
cada día cuando le dice: “Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; de mañana me
presentaré delante de ti…” Pudiera ser que tu trabajo o cualquier otra
actividad te impida tener tu tiempo devocional temprano en la mañana, pero
quizás puedas planearlo al mediodía o por la tarde o por la noche antes de
acostarte a dormir. Lo importante es que
el tiempo que pases con el Señor lo dediques a él por completo en una adoración
sincera, en espíritu y en verdad, anhelando su presencia y permitiendo que
su Espíritu se manifieste en tu vida como él quiera. Sabrás que esto se está
llevando a cabo cuando sientas su paz "que sobrepasa todo
entendimiento." (Filipenses 4:7).
Con esos conceptos en mente proponte ignorar
por un tiempo cada día el complejo mundo que te rodea y abre tu corazón al
increíble gozo que proviene de entregarte al Señor en sincera comunión. Lee la
palabra de Dios, medita en ella y dedica tiempo a orar. Pronto experimentarás
el precioso beneficio espiritual de estar compartiendo en la intimidad con tu
Padre celestial.
ORACIÓN. Padre
santo, yo anhelo vivir en constante comunión contigo. Ayúdame a separar tiempo
para ti cada día con un corazón dispuesto a adorarte y listo para rendirme ante
tu santa presencia. En el nombre de Jesús, Amén.
ENRIQUE
SANZ - (DEVOCIONAL DIARIO “DIOS TE HABLA”)


