“Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre
enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo
que yo os he dicho.” Juan 14:26
La Biblia es el perfecto libro de texto para
nuestra enseñanza. 2ª Timoteo 3:16-17 afirma que “toda la Escritura es
inspirada por Dios.” Y continúa diciendo que es “útil para enseñar, para
redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de
Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” En el pasaje de
hoy Jesús habla acerca del maestro que imparte esta enseñanza de la Palabra de
Dios: el Espíritu Santo. En esta conversación con sus discípulos, después de
casi tres años predicando el evangelio y enseñándoles todo lo relativo al reino
de Dios, Jesús les habla acerca de su próxima partida. Y, sintiendo la profunda
tristeza de ellos, les anuncia la futura llegada del Espíritu Santo.
Más adelante Jesús les anima diciendo: “Pero
yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el
Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.” (Juan 16:7).
Y entonces les dice lo que ellos podían esperar del Espíritu Santo: “Cuando
venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará
por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las
cosas que habrán de venir.” (Juan 16:13). Dios envió su Espíritu Santo para
instruirnos personalmente, pues está perfectamente capacitado para ser nuestro
Maestro. Él es Dios, pues es una persona de la Trinidad y, por lo tanto es
omnisciente, es decir todo lo sabe. Por
eso es categóricamente capaz y confiable para instruirnos en los asuntos
divinos.
En Efesios capítulo 6, el apóstol Pablo
escribe acerca de la guerra espiritual en medio de la cual vivimos todos los
creyentes, y nos exhorta a vestirnos “de toda la armadura de Dios.” Al
referirse a la Palabra de Dios, Pablo la define como “la espada del Espíritu.”
(Efesios 6:17). Es decir, en esa guerra espiritual contra Satanás y sus
demonios el Espíritu Santo usa la Palabra de Dios como una espada para pelear
por nosotros y defendernos de las asechanzas del diablo.
Cuando recibimos a Jesucristo como nuestro
salvador el Espíritu Santo viene a morar en nuestros corazones (Efesios 1:13).
E inmediatamente comienza el proceso de santificación. En su epístola el
apóstol Santiago escribe lo siguiente: “El Espíritu que él ha hecho morar en
nosotros nos anhela celosamente.” (Santiago 4:5). Nuestra responsabilidad como
hijos de Dios es depender del Espíritu Santo para que él nos enseñe, y no
guiarnos por nuestras propias opiniones. La Biblia nos dice que ni siquiera
sabemos pedir lo que verdaderamente nos conviene, pero si permitimos que el
Espíritu Santo nos dirija él se hará cargo de interceder por nosotros. Así dice
Romanos 8:26: “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad;
pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo
intercede por nosotros con gemidos indecibles.”
Mantente siempre atento a la dirección del
Espíritu Santo pero de una manera especial en situaciones difíciles, en las que
el poder de Dios pueda significar una notable diferencia en los resultados. Así
aconsejó Jesús a sus discípulos: “Cuando os trajeren a las sinagogas, y ante
los magistrados y las autoridades, no os preocupéis por cómo o qué habréis de
responder, o qué habréis de decir; porque el Espíritu Santo os enseñará en la
misma hora lo que debáis decir.” (Lucas 12:11-12).
Busca una comunión cada vez más íntima con
Dios leyendo su Palabra, meditando en ella y pasando tiempo de oración cada día
de tu vida. Pídele al Señor, en el poder del Espíritu Santo, que te bendiga
mientras estudias su Palabra y te dé discernimiento espiritual para entender
con claridad todo lo que él quiere enseñarte.
ORACIÓN. Padre
santo, te doy gracias una vez más por tu palabra y por tu Espíritu Santo quien
me enseña, me redarguye, me dirige y además me consuela cuando estoy en
aflicción. Por favor dame discernimiento espiritual para entender sus
enseñanzas y dame la fuerza y el valor para ponerlas en práctica cada día de mi
vida. En el nombre de Jesús, Amén.
ENRIQUE SANZ -
(DEVOCIONAL "DIOS TE HABLA")


