“Ellos perecerán, mas tú permaneces” Hebreos 1:11
Siempre existen
hogares con fuegos solitarios. Y aquellos que se sientan a su alrededor,
rodeados de sillas vacías que en otros tiempos ocuparon seres queridos, no
pueden retener sus lágrimas. ¡Uno se sienta solo tantas veces! Pero en verdad,
hay Uno invisible que se halla a nuestro alcance. Pero de cualquier modo, no
nos damos cuenta de Su presencia. El darse cuenta de ello es una verdadera
bendición, pero es una cosa muy rara. Pertenece al estado de ánimo, a los
sentimientos. Depende de las condiciones del tiempo y de las condiciones
corporales. La lluvia, la niebla densa, el dolor agudo, el dormir malamente, todas
estas cosas intervienen en el ánimo de uno y contribuyen a que no nos demos
cuenta de la presencia del Invisible.
Pero hay algo
un poco más elevado que el darse cuenta. Causa
aún mayor felicidad. Es
independiente de las condiciones exteriores, es algo que permanece. Y ello
es esto: el reconocer a aquella Presencia invisible tan admirable y
consoladora. Reconocer Su presencia, la presencia del Divino Maestro. El está aquí,
junto a nosotros; Su presencia es verdadera. El reconocer, ayudará también al
darse cuenta, pero nunca depende de ello. Sí, es cierto que la Verdad es una
Presencia y no una cosa, un hecho o un relato. Alguno está presente, un Amigo
afectuoso, un Señor todopoderoso. Y esta es la verdad gozosa para los corazones
que lloran en todas partes, cualesquiera que sea la causa que les hace derramar
lágrimas; para cualquier corriente donde se halle plantado tu sauce llorón. –S. D. GORDON.
L. B. COWMAN - (DEV. "MANANTIALES EN EL DESIERTO")
L. B. COWMAN - (DEV. "MANANTIALES EN EL DESIERTO")


