“Las cosas invisibles de él, su eterno poder y
deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo
enten-didas por medio de las cosas hechas.” Romanos 1:20
“No te apoyes en tu propia prudencia.” Proverbios
3:5
“Dame entendimiento conforme a tu palabra.” Salmo
119:169
(Leer Jeremías 38 – 1ª Cor. 13 – Salmo 104:1-4 – Prov. 22:24-25)
Si usted
pregunta a personas cristianas sobre su conversión, descubrirá que cada una
tiene una historia diferente. Unos fueron interpelados repentinamente por un
versículo de la Biblia, otros comprendieron poco a poco el mensaje del
Evangelio, y otros pasaron por un camino doloroso lleno de largas luchas
interiores.
¿Qué papel
desempeña la razón en esta búsqueda de Dios? ¿Hay que dejarla de lado o
apoyarse en ella? El científico Pascal escribió: «Dos excesos: excluir la razón
y no admitir más que la razón». Ambas cosas conducen a un callejón sin salida.
Querer apoyarse solo en la razón para buscar a Dios es una pretensión vana e
ilusoria. Dios no es una idea que podamos probar, sino un ser con respecto al
cual tomamos una determinación.
Llega un
momento en que nuestra razón tropieza, y para avanzar debemos dar el salto de
la fe. ¡No es un salto al vacío, sino un
salto a los brazos de un Dios de amor!
Por el
contrario, el creyente corre el riesgo de depender de la experiencia del
momento y apoyarse en sus emociones pasajeras. En sus cartas el apóstol Pablo,
inspirado por Dios, siempre intenta iluminar el corazón y la inteligencia. No
se trata de razonar sobre Dios, sino de recibir su revelación con respeto y
confianza. Esta revelación no deja de lado la razón, sino que abre nuestra inteligencia
para ver “cosas que ojo no vio, ni oído oyó... las que Dios ha preparado para
los que le aman” (1ª Corintios 2:9).
EDICIONES BÍBLICAS - (DEVOCIONAL "LA BUENA
SEMILLA")


