viernes, 7 de septiembre de 2018

¿Lo dejarías todo por seguir a Jesús? 7 septiembre





Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres. Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron. Pasando de allí, vio a otros dos hermanos, Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano, en la barca con Zebedeo su padre, que remendaban sus redes; y los llamó. Y ellos, dejando al instante la barca y a su padre, le siguieron.” Mateo 4:18-22


“Después de estas cosas salió, y vio a un publicano llamado Leví, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y dejándolo todo, se levantó y le siguió.” Lucas 5:27-28


Cuando Jesús llamó a sus discípulos para que se unieran a su ministerio ellos inmediatamente lo dejaron todo y le siguieron. En el primer pasaje Mateo nos cuenta que Simón Pedro y su hermano Andrés, que eran pescadores, “dejando al instante las redes, le siguieron.” De igual manera Juan y Jacobo, hijos de Zebedeo, “dejando al instante la barca y a su padre, le siguieron.” Después, Lucas nos habla de un cobrador de impuestos llamado Leví, al cual Jesús simplemente le dijo: “Sígueme.” Y este hombre, “dejándolo todo, se levantó y le siguió.” ¿Qué sintieron ellos en sus corazones cuando escucharon la invitación de Jesús que los movió a dejar todo lo que tenían y seguir a aquel hombre que no les ofrecía beneficios económicos, ni comodidades, ni bienes materiales, sino solamente sacrificios y dedicación a su causa? ¡Qué impactante debió haber sido la voz del Señor! Sin duda una mezcla divina de una autoridad irresistible y un amor verdaderamente imposible de describir.

Ellos no solamente debían tomar la decisión de dejar los bienes materiales, sus medios de sustento, sus trabajos y hasta sus familias por seguir a Jesús, sino que también debían considerar los peligros a los que se expondrían por su causa. Recientemente habían conocido la suerte que corrió Juan el Bautista, quien había sido encarcelado (Marcos 1:14), para posteriormente morir decapitado en manos de sus captores. Así es que bien sabían ellos que estaban arriesgando sus vidas al responder el divino llamado. Y aun así ellos decidieron seguir al Señor. Ciertamente Jesús no les brindó un jardín de rosas, pero les ofreció algo mucho más profundo y trascendental: su paz inefable y la seguridad de su protección, su ayuda, su consuelo y su provisión en los momentos difíciles que encontrarían en sus vidas. Así dijo Jesús a sus discípulos: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” (Juan 16:33).

Más adelante la Biblia nos cuenta que un joven rico se acercó a Jesús interesado en saber qué debía hacer para heredar la vida eterna, pero después de conversar con el Señor salió triste y decepcionado. (Marcos 10:17-22). Al ver esto, los discípulos se asombraron y se preguntaban: “¿Quién, pues, podrá ser salvo?” Entonces Jesús les dijo: “Para los hombres es imposible, mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios.” Entonces Pedro le dijo: “He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido.” Al escuchar esto el Señor declaró una preciosa promesa para aquellos discípulos, la cual ha permanecido vigente a través de los siglos hasta nuestros tiempos para todos aquellos que, habiendo escuchado su llamado, han tomado la decisión de dejarlo todo para seguirlo: “De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna.” (Marcos 10:29-30).

Lee de nuevo esta promesa del Señor y reflexiona en ella. Ahora, ¿sientes en tu corazón el deseo de seguir a Jesús y servirle por el resto de tu vida? ¿Lo dejarías todo por seguir al Señor?


ORACIÓN. Padre amado, gracias por la oportunidad que me brindas de servirte formando parte del plan que tú tienes para la salvación de este mundo. Te ruego me ayudes a ponerte siempre en primer lugar en mi vida, y echar a un lado todo lo que me impida seguir a tu Hijo Jesucristo. En su santo nombre te lo pido, Amén.



ENRIQUE SANZ - (DEVOCIONAL "DIOS TE HABLA")









TRADUCCIÓN