“Doy gracias a
mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros” Filipenses 1:3 (Leer: Romanos
1:1-10)
El sonido de la llegada de un email atrajo mi atención
mientras escribía en mi computadora. Por lo general, trato de resistir la
tentación de abrir cada correo, pero el título del asunto era demasiado
atrayente: «Eres una bendición».
Ansiosa, lo abrí y me enteré de que una amiga que vivía
lejos estaba orando por mi familia. Todas las semanas, coloca la foto de una
tarjeta de Navidad en el «tazón de bendición» sobre la mesa de su cocina y ora
por esa familia. Escribió: «Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de
vosotros» (Filipenses 1:3), y luego, destacó nuestros esfuerzos y
«participación» para compartir el evangelio con otros.
Con ese gesto de mi amiga, las palabras de Pablo a los
filipenses me generaron el mismo gozo que seguramente produjo en aquellos que
recibieron esa nota de agradecimiento en el primer siglo. Al parecer, el
apóstol había adquirido la costumbre de expresar su gratitud a quienes
trabajaban con él, como se ve en Romanos 1:8: «doy gracias a mi Dios mediante
Jesucristo con respecto a todos vosotros, de que vuestra fe se divulga por todo
el mundo».
Así como Pablo en el siglo I, ahora, en el siglo XXI, mi
amiga usó un «tazón de bendición» para alegrarme el día. ¿Cómo podemos dar
gracias hoy a aquellos que sirven al Señor?
Señor, ayúdame a expresar mi gratitud a tus siervos.
¿A quién puedes darle gracias hoy?
(La Biblia en
un año: Levítico 14:1-57 — Mateo 26:51-75)
ELM -
(DEVOCIONAL “NUESTRO PAN DIARIO")


