“El tentador se le acercó, y le dijo: ‘Si eres Hijo
de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.’” Mateo 4:3 (Leer Mateo
4:1-4)
Quizás las
piedras que estaban a los pies de Jesús parecían pequeños panes. "Di que
estas piedras se conviertan en pan." Fácil, ¿verdad? Más allá del hecho
que Dios no hace ese tipo de cosas, pues el pan se hace a partir de una semilla
viva que crece en la tierra que durante cientos o miles de años erosionó de la
roca. Más allá del trabajo duro que implica labrar y cultivar la tierra, y
amasar y hornear. ¡Más allá de que sólo sería para el bien personal de Jesús!
"Sólo hazlo. Es rápido y fácil. Satisface primero tus deseos."
Pero Jesús dijo
que no y siguió sufriendo hambre. El pan que comió más tarde, lo obtuvo con
gran esfuerzo.
A veces me
pregunto si en algún momento Dios estuvo tentado de cambiar instantáneamente
nuestros corazones de piedra en corazones vivos y cálidos. ¡Qué fácil sería! No
más problemas, no más espera, no más sufrimiento... no más cruz.
Pero ese es el
problema. Jesús no toma la salida fácil. Si va a transformar nuestros corazones
de piedra, lo va a hacer a la manera de Dios y en el tiempo de Dios: a través
de su propio sufrimiento, muerte y resurrección. Lo va a hacer aun cuando ello
signifique que tenga que ser apedreado, convirtiéndose lentamente en tierra. Lo
va a hacer aun cuando ello signifique que tenga que convertirse en ese grano de
trigo que describió a sus discípulos, el que cae en la tierra y muere para
producir muchos frutos (ver Juan 12:24).
Y eso es
exactamente lo que hizo. Jesús siguió "toda palabra que sale de la boca de
Dios" (ver Mateo 4:4). Y porque así lo hizo, hoy vive -eternamente- y
nosotros también.
ORACIÓN: Querido Jesús, gracias por tu
paciencia y deseo de hacer lo que es correcto. Renueva y limpia mi corazón para
que sea cada vez más como el tuyo. Amén.
CRISTO PARA TODAS LAS N. - (DEV. “ALIMENTO DIARIO”)


